En verdad que la ciudad de Puebla es una de las más bellas del país. Perfectamente bien trazada, con muchos parques y edificios coloniales y del siglo 19, una ciudad donde es prácticamente imposible perderse; incluso se afirma que la ciudad fue trazada "por los mismos ángeles". No, Puebla no fue trazada por los ángeles; es la prueba viva de que cuando los mexicanos nos olvidamos un poco de que somos mexicanos y nos ponemos a planear, nos salen muy bien las cosas.

¡Qué chula es Puebla! Desafortunadamente, no podemos decir lo mismo de algunos de sus habitantes. En particular, me refiero al empresario Camel Nacif y al gobernador Mario Marín.

El empresario ha demandado a la periodista y escritora Lydia Cacho, por supuesta difamación, ya que se le vincula en el libro "Los Demonios del Edén" con el pederastra Jean Succar Kuri. En el libro, la escritora afirma que Nacif es amigo cercano de Succar Kuri, y que no sólo lo ha protegido de las acusaciones de abuso sexual de menores, sino que incluso ha participado también del ilícito, según los testimonios de algunas de las víctimas que Lydia Cacho recopila en su libro.

Por su parte, Mario Marín declaró culpable públicamente a la escritora desde antes de que se le dictara sentencia. Es también de suponerse que hay tráfico de influencias, pues la denuncia se aplicó en Puebla a pesar de que la escritora vive en Cancún y que el libro se publicó en el DF. Para hacer más evidente la situación, la procuraduría de Puebla ya dictó acto de formal prisión contra la periodista.

Lo curioso es que la PGR no ha levantado cargos contra Camel Nacif (pero sí contra Succar Kuri, quien actualmente enfrenta el juicio por prostitución y abuso de menores). ¿De qué se quiere defender el empresario? Por otra parte, los cargos de difamación no deberían aplicar, pues la periodista no ha hecho más que reproducir testimonios y documentación legal existente. En una actitud de prepotencia, se pretende cortar la cabeza al mensajero de malas noticias; recuerdo ese dicho que cita "explicación no pedida, culpabilidad manifiesta". Pero el empresario en lugar de dar explicaciones que nadie ha pedido, actúa en contra de una periodista que está haciendo su trabajo y que denunció un terrible caso de abuso infantil. Mientras que el "gobernador", como títere, apoya incondicionalmente al empresario.

Este caso de ataque contra el periodismo es igual de grave que las agresiones a los periodistas en el norte, y que las represiones contra los diarios en Oaxaca. Tristes casos que siguen presentándose en un país donde el gobierno federal ha mostrado mayor apertura y tolerancia en pro de la libertad de prensa.

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