Vale la pena recordar que hace ya un año (el 26 de diciembre) que ocurrió una de las más terribles catástrofes naturales en este planeta. El Tsunami que golpeó sin piedad el sureste de Asia dejó un saldo de más de 200,000 muertos, y es el desastre natural más grande del que se tiene registro.
 
Queda mucho para la reflexión y discusión. Se habla mucho de que la cantidad de muertos se explica por las condiciones de pobreza de algunos de los países afectados, y de su falta de infraestructura para las labores de rescate y reconstrucción. Se comenta también sobre la pobre prevención que se tuvo (mucho se ha dicho sobre las estaciones que detectaron el tsunami horas antes, que reportaron el evento oportunamente a las autoridades de las zonas afectadas, y que nadie hizo nada.) También amerita comentario el esfuerzo y solidaridad de muchos pueblos con las zonas afectadas. Pero estos eventos también sirven para reconocer, con humildad, que somos impotentes ante estas fuerzas naturales.
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