Desisto de mi intención de publicar un chiste cada semana, por no contar con el tiempo ni con el suficiente material (¡se aceptan contribuciones!)
 
Incluyo aquí unos chistes navideños, ¡breves y muy crueles! ¡Feliz Navidad!

– Oye, papá, ¿por qué estás poniendo el arbolito de navidad en junio?
– ¿Y tú crees que con esa leucemia vas a llegar a diciembre?
 
La niña abre su regalo navideño.
– ¡Ay, no! ¡Otro vestido con faldón! ¡Ya no quiero vestidos con faldones!
– ¡Cállate niña! ¿O cómo quieres que te tapemos tu silla de ruedas?
 
En un hospital de niños parapléjicos, le preguntan a uno de los niños:
– A ver, Juanito, ¿qué vas a querer que te traiga Santa Claus?
– ¡Quiero unas toallas femeninas con alas autoadheribles!
– ¿Queeeé? ¿Y para qué quieres esas toallas?
– Es que en el comercial de la tele dice que con esas toallas puedo correr, bailar, nadar, montar a caballo…
 
Llega el presidente Fox a una comunidad indígena en Chiapas, de esas que están sumidas en la miseria. Los niños, todos flacos y desnutridos se acercan al presidente, quien les dice:
– Queridos niños y niñas, ahora sí se les apareció Chente Clós. Para que se diviertan esta navidad y ahorita que están de vacaciones, el gobierno mexicano les va a regalar unos bonitos Pleistéichons, para que jueguen con sus hermanitos y sus hermanitas.
En eso, Martita jala del brazo al presidente, y le dice en voz baja:
– ¡No manches, Chente! ¿Cómo que Playstations? ¡Si estos pobres niños ni comen!
– ¡Ah,no! ¡Si no comen bien, no hay Playstations!
 
El niño abre su regalo de navidad.
– ¿Qué es esto? ¿Una bicicleta? ¡Pero si yo quería un tren eléctrico!
– ¡Cállese, escuincle malagradecido! ¡Además de paralítico, quejumbroso!
 
El hermanito mayor está jugando con un yoyo, que fue su único regalo de navidad. El hermanito menor se acerca y se burla de él.
– ¡Mira, yo tengo un tren eléctrico y tú no-o!
Después de un rato regresa con el hermano, que sigue jugando con su yo-yo.
– ¡Mira, yo tengo una bicicleta y tú no-o!
El hermano le lanza una mirada de coraje, pero no le dice nada y sigue jugando con su yo-yo. Al rato, el hermanito regresa.
– ¡Mira, yo tengo una autopista y tú no-o!
El hermano mayor se levanta y le dice:
– ¡Mira, yo no tengo cáncer y tú sí-i!
 
Llega una niñita con su mamá:
– Mamá, ¿me das unas galletitas?
– No hija, estoy arreglando el árbol de navidad.
Pasa un rato y regresa la niña.
– Mamá, ¿ahora sí me puedes dar unas galletitas?
– Que no, niña, estoy arreglando el nacimiento.
Luego de unos minutos la niña regresa.
– ¡Ándale, mamita, dame por favor unas galletitas!
La mamá voltea enfadada:
– ¡Mira, niña! Vas a la cocina y con tus manitas colocas un banquito. Luego, te subes al banquito y con tus manitas bajas el frasco de las galletitas. ¡Y con tus manitas te comes todas las galletitas que quieras! ¿Entendiste?
La niña muy triste le contesta:
– Mamá, ¡pero si tú sabes que yo no tengo manitas!
– ¡Ah! ¿No hay manitas? ¡No hay galletitas!
 
Para terminar, uno de gallegos:
 
– A ver, Venancio, querido, sal de la casa y dime si las lucecitas de navidad funcionan.
– ¡Jolines, déjame revisar!
Venancio sale de la casa y revisa las luces
– Sí funcionan… no funcionan… sí funcionan… no funcionan… ¡Joder, que problema!
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