A este paso, en lugar de "el chascarrillo de la semana" va a ser "el chascarrillo del semestre"…
 
Un chistecillo subido de color. Espero no lastimar sensibilidades.

Llegan dos muchachas al templo, muy nerviosas, a confesarse. Después de un buen rato de discutir quién se confesaría primero, una de ellas se decide y entra al confesionario. El sacerdote la recibe.
 
– Ave María Purísima, hija.
– Sin pecado concebida.
– Dime tus pecados, hija.
– Sí, Padre… este… pues soy muy chismosa.
– OK; no seas tan chismosa. Ahora déjate de jaladas y dime los pecados de a de veras.
– Ay, Padre… bueno, déjeme decirle… este…
– A ver hija. Yo te ayudo. Te acostaste con tu novio, ¿verdad?
– ¡No Padre! ¡Cómo cree! ¡Soy una muchacha decente!
– Bueno, ¿entonces qué hiciste?
– Pues mire, Padre. Resulta que íbamos una amiga y yo en el coche con nuestros novios… y nos estacionamos en un lugar oscurito…
– Ya decía yo que era algo con el novio. Sigue hija.
– Bueno, Padre. Para no hacérsela larga… pues, pues,… ¡le agarré aquellito!
– Ah, entonces sí se la hiciste larga.
– ¡Padre, no sea pelado!
– OK, ok, ¿nada más se la tocaste?
– Pues… pues sí, Padre.
– Lo que hiciste está muy mal, hija. Arrepiéntete y pídele a Dios que te oriente y te guíe. Rezas tres Padres Nuestros y te lavas las manos con agua bendita.
– Si Padre, gracias.
– Y ya no seas chismosa, ¿eh?
 
Regresa la muchacha con su amiga, que le pregunta de inmediato.
 
– ¿Qué pasó? ¿Cómo te fue? ¿Qué te dijo el Padre?
– Pues nada, solamente me dijo que me lavara las manos con agua bendita.
– ¡Ah, bueno! ¡Qué alivio! ¡Entonces a mí me basta con unas gárgaras y quedo como nueva!
 
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