Para terminar la semana, les dejo un chistecillo referente a nuestros ahorrativos compatriotas de la Sultana del Norte… ¡’i ‘ñor!
 

Llega un norteño a la redacción del periódico "El Norte", de esos de sombrero, botas y bigote aguamielero. Se dirige con el encargado.
 
– ¡Qué pasó, huerco! Ando solicitando información, ¿cómo ve?
– Sí señor, dígame, en qué le puedo servir.
– Pues fíjese que no está usté’ para saberlo ni yo para contarlo, pero quiero averiguar cuánto cuesta poner una esquela aquí en su periódico.
– Bien señor. La esquela cuesta por palabra, dependiendo del tamaño del anuncio.
– A ver, pues ¿cuánto cuesta la más barata?
– La más económica es una esquela de 3 por 5 centímetros. Cuesta 10 pesos la palabra.
– ¡Cómo que 10 pesos! ¡Ah, chirrión! ¿Por qué tan caro, bato? ¿Qué con eso resucita el muerto, o qué?
– Bueno, señor, eso cuesta…
– ¡No, pues si deveras que son unos puercos, se aprovechan del dolor de la gente!… ¿Es lo menos?
– Sí señor, ese es el precio. Disculpe.
– ¡Qué barbaridad compa! Ya ni siquiera puede uno morirse gratis en estos tiempos. ¡Qué cosas tan terribles, pelao! Pero bueno, pues qué se le va a hacer. Deme una.
– Bien señor. ¿Cuántas palabras van a ser?
– Póngale dos palabras.
– ¿Dos? ¿Nada más dos?
– ¡Pues qué esperaba, méndigo rata! Se me hace que han de ser chilangos todos ustedes, igual de tranzas. ¡Nomás dos, pos ‘ora, pelao tan confianzudo!
– OK, señor, no se enoje. A ver, dícteme sus dos palabras.
– Mire, póngale: "Murió Marta".
– Muy bien…. "Murió… Marta". Listo. Oiga, perdón por la pregunta, ¿quién es Marta?
– ¿Cómo que quién va a ser, bato desgraciado? ¡Pues mi señora, que en paz descanse mi esposita santa! ¡Ay, Martita, perdóname por favor, yo te ponía una plana completa en el periódico, pero estos condenados chupasangre que abusan de uno con esos precios! ¡Aaaaay, mi Martita, la quería rete harto!
– Discúlpeme señor, yo no sabía…
– No se apure, compita. Y ya mándela a imprimir, no sea que al rato suba el precio.
– Si, señor. Permítame un momento por favor.
 
El encargado entra a una oficina, mientras el norteño se queda esperando. Después de un rato sale de la oficina.
 
– Señor, buenas noticias. Acabo de hablar con el director de redacción, y dice que por tratarse de su esposa, le vamos a dar tres palabras más por el mismo precio.
– ¿Tres palabras? Oiga, pos no se vayan a quedar pobres. A ver si no truena el changarro, ¿eh? Cinco palabras por 20 pesos, ¿juega?
– Sí señor, dos palabras por 20 pesos, más tres de regalo.
– ¡Ah, muy bien, huerco, ya nos vamos entendiendo! Pos si hablando se entiende la gente, caray.
– Entonces dígame señor, ¿qué le ponemos a su esquela?
 
El norteño se queda pensando unos segundos, y luego le dice:
 
– Mire compa. En un renglón ponga "Murió Marta." ¡Y en el renglón de abajo ponga: "Vendo Caribe ’85"!
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