Apenas comienza la temporada de lluvias y de inmediato aparecen los ya conocidos baches en el rancho. Esto es, baches adicionales a los que ya tienen las deterioradas calles del pueblo, y que su mediocre gobierno ha cuidado durante años como si se tratara de patrimonio de la ciudad. Tremendos agujeros que se mantienen en una lucha sin cuartel contra las llantas y amortiguadores de los lugareños.
 
Un amigo mío dice que "la cultura vial de una ciudad se refleja en la cantidad de topes en las calles: entre más topes, menos cultura vial"… estoy de acuerdo con la frase; podemos concluir que la cultura vial en el rancho es muy pobre, debido a la exagerada cantidad de topes que se pueden encontrar en las calles. Ahora bien, ¿será esta una explicación metafísica del surgimiento de los baches? ¿Acaso existe un equilibrio kármico, que busca nivelar el Ying y el Yang de la cinta asfáltica, y para contrarrestar el exceso de topes se manifiesta en un también excesivo número de baches (que podrían entenderse como la antítesis del tope, cóncavo y convexo, masculino y femenino, positivo y negativo)? ¿O tal vez la razón es más mundana y se debe a que hacen las calles con asfalto soluble al agua?
 
El caso es que los ciudadanos ya nos estamos familiarizando y hasta encariñando con los baches de nuestro rancho. Tenemos, por ejemplo, al "viejo fiel", un bache que con precisión de calendario maya regresa cada año en el mismo lugar y con el mismo tamaño, además de que en los días de fuertes chubascos arroja agua a una altura considerable, como el géiser homónimo de Yellowstone.
 
Y qué decir del ya conocido "Mare Tranquilitatis"; podría suponerse que el nombre es inadecuado, ya que el correspondiente selenita no se refiere a un cráter, sino a una planicie. Pero una vez que constatamos su tamaño, y la forma en que se llena de agua, el nombre queda a la medida. Las abundantes lluvias hacen que el bache se llene de agua, y en su engañosa calma aparenta ser un simple charco; esa tranquilidad sólo se rompe cuando un automóvil cae dentro del "Mare Tranquilitatis", pero vuelve a su estado de aparente inmovilidad una vez que el vehículo se ha sumergido por completo. Hasta la fecha se desconoce la cantidad de autos y personas que han naufragado en tan famoso bache, y de los que nunca se vuelve a saber.
 
Pero algo bueno surge de esto. El Congreso local aprobó una ley que protege al dueño de un automóvil que resulte dañado por un bache (en general, aplica a cualquier desperfecto de la calle o a faltas de señalización que provoquen daños al vehículo.) El ciudadano puede demandar al municipio por los daños de su auto, y según me cuentan parece que sí se cubren los costos en un periodo de tiempo relativamente corto. Bien, aunque creo que el Ayuntamiento ahorraría dinero si en lugar de pagar por desperfectos arreglara los baches de manera decente (no con parchecitos de asfalto que se vuelve a levantar en dos semanas.)
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