¡Vamoj a Tabajco, que Tabajco ej un edén!
 
Así dice la canción. Me tocó ir de visita la semana pasada a la ciudad de Villahermosa, por motivos de trabajo, y tuve uno de los días más interesantes de mi aburrida y monótona vida. Alguna vez me comentaron que, al igual que Veracruz es la ciudad tres veces heróica, Villahermosa es la ciudad tres veces mentirosa, porque ni es villa, ni es hermosa, ni es ciudad. La verdad es que debo salir en defensa de esta bonita y calurosa ciudad, y de la cordialidad de su gente.
 
Para comenzar la experiencia, me ocurrió lo que sin duda fue lo más bizarro del viaje (y tal vez de mi vida.) En el avión nos encontramos, en persona, al mesías de Macuspana, al dictadorzuelo de petatiux, al purificador de la patria… ¡Síiiii! Ni más ni menos que al Peje López Zozobrador, el mismo que viste y calza. Imaginen la tortura que resultó andar desvelado, desmañanado, medio dormido, y encontrarme al pejediondo de golpe y sin avisar… casi me da un infarto. Tardé un rato en reaccionar y darme cuenta que no lo estaba viendo en las noticias o en el periódico, sino en persona. Todos los que han escuchado mi anécdota me han preguntado que por qué no lo maté en ese momento; no lo hice por tres razones: 1, no soy asesino; 2, al avión no dejan subir armas, y 3, quiero ver qué cara pone cuando le entreguen la banda presidencial a Felipe Calderón.
 
Más tarde, tuvimos una experiencia extraña con los taxis. Intentamos tomar un taxi para ir a comer, pero no fue fácil. Para empezar, hay pocos taxis (comparando con el rancho, donde levantas la mano para saludar a alguien y se paran dos taxis); de pronto se detenían taxis que ya llevaban pasaje, y nos preguntaban a dónde nos dirigíamos… para después indicarnos que no llevaban ese rumbo. Lo que nos extrañó es que detuvimos a varios taxis libres (fueron 4) que, al decirles a dónde nos dirigíamos, nos decían "no, ahí yo no voy", ¡y se iban! (Deben ser millonarios, no quieren trabajar.) Después de 40 minutos de esperar taxi en el sol y el terrible calor de 32°, decidimos cambiar de estrategia: al siguiente taxi libre que vimos, nos subimos sin preguntar. Cuando le mencionamos nuestro destino, nos preguntó: "oiga, ¿y va a querer el jervijio ejpejial?" (¡Ah, caramba! La variedad de servicio especial que yo conozco no tiene nada que ver con taxis.) "¿Especial? ¿Y ése cómo és?" le preguntamos. "Fájil, amigo. Ji ujté pide el jervijio ejpejial, el tacji lo lleva a donde ujté quiera ir"… Mmmm, ¿mande? ¿Entonces en el servicio normal el taxi te lleva a donde se le pegue su gana? Ya después nos explicó que el servicio de taxis de Villahermosa es comunitario: el taxi puede detenerse a cargar más pasaje, aunque ya lleve pasajeros. El lugar a donde íbamos queda en una zona donde va poco pasaje, por eso no nos querían llevar los taxis. El secreto está en pedir el servicio "especial", y con eso te llevan a donde quieras, sin subir extraños al taxi. Curioso.
 
La comida fue algo destacado. Los ingredientes son poco comunes y muy sabrosos. Probamos el "pejelagarto" (hablo del pescado, no del ofuscado) en unas sabrosas empanadas. Disfruté también de una crema de Chaya, de unas tostadas hechas con plátano machacado y frito, y conocí el chile amashito (un chile chiquito pero rinconero, que pica como alacrán de tenería.) Riquísima la comida. Además de que estuvimos acompañados de Claudia Fernández, la Flor de Tabasco 2004… ¡Qué tal! ¿eh? Para que se den un quemón. Guapísima, se portó de forma extraordinaria con nosotros, con una hospitalidad que parece ser característica de los tabasqueños y que le agradezco desde esta humilde tribuna. Definitivamente fue lo mejor del día (y considerando que después del encuentro cercano con el Peje, hasta una golpiza de pandilleros hubiera sido lo mejor del día, pues sin lugar a dudas mejoró la tarde.)
 
Pasaron otras cosas más normales y que por cuestiones de espacio y cansancio no voy a describir. Pero sin duda ese día en Villahermosa fue para recordar. No siempre se tienen días tan pintorescos en este negocio.
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