¿Qué pecado tan grande he cometido para merecer esto? El lunes no me desperté con los balbuceos de mi hijo, ni con los regaños de mi esposa. Me desperté escuchando las vociferaciones del egregio vocero del PRD, don Gerardo Fernández Con-Roña, diciendo las mismas babosadas de siempre.
 
La razón de las poco sesudas alegatas era, por supuesto, la derrota del PRD en Tabasco ante el PRI. Los primeros números mostraban una ventaja del 11% entre ambos partidos. Comienzan ya las amenazas de nuestros mitoteros oficiales para hacer marchas y alegar fraude. Curioso ver que el PRI está dispuesto a aceptar una diferencia marginal mucho menor al 1% en la elección de Chiapas, pero el PRD se alebresta y rechaza los resultados con más del 10% de diferencia en Tabasco (algo que además ya no sorprende a nadie).
 
Según los cacaraqueos de Fernández Con-Roña, en Tabasco se aplicaron todas las mañas y triquiñuelas de lo peor del PRIísmo de hace 30 años. ¿Será cierto? Claro que no. Y si es cierto, nadie les va a creer; perdieron total credibilidad por andar siguiendo las fantasías mentales del mesías de Macuspana. El PRI ni siquiera necesitaba hacer fraudes para ganar la elección: desde hace varias semanas las encuestas colocaban a Granier (el candidato del PRI) por arriba con un porcentaje de votación muy cercano al que obtuvo en las urnas. Los que sí aplicaron una que otra mapachada fueron los del PRD: gente armada tratando de reventar la elección, carrousel con gente de otros lugares, campañas sucias, etc, etc.
 
Duro golpe para nuestro autoproclamado prejidente "lejítimo" y emperador del universo. Ni en su tierra lo apoyan. No podemos ni siquiera decir que su presencia perjudicó a la campaña de Ojeda, pues los resultados fueron exactamente los que se esperaban desde hace mucho. Lo mejor (o lo peor) que podemos decir de la intervención de AMLO en Tabasco, es que fue totalmente irrelevante.
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