Entre la chamba y el bebé, no he tenido tiempo de actualizar el blog. Vamos a comenzar el año con un chistecillo de gallegos (la verdad no tengo cabeza para andar buscando chistes originales). Va.
 

Iba Venancio caminando por su pueblo. Había regresado después de mucho tiempo de ausentarse. Se encuentra con un amigo en la calle.
 
– ¡Venancio! ¡Qué gusto verte, hace mucho tiempo que no te veía!
– Pues qué curioso, yo también tengo mucho tiempo sin verte a tí.
– Oye, ¿y qué te trae por estas tierras? ¡Te veo muy contento!
– ¡Pues que me caso, hombre! ¡Rediez!
– ¡Caray, felicidades, Venancio! ¿Y con quién te vas a casar?
– Pues con la Manola… ¿la conoces?
– ¡Cómo, Venancio! ¿Con esa zorra? ¡No te cases con ella!
 
Muy molesto, Venancio defiende a su futura esposa, soltando un sinnúmero de improperios a su amigo, y se retira enfadado del lugar. Un poco más adelante, se encuentra con otro conocido.
 
– ¡Venancio! ¡Qué milagro, hombre, años sin verte!
– Es que hace mucho que no venía por aquí.
– ¿Y qué haces, majo? ¿Ya te casaste, tienes hijos? ¡Cuenta, Venancio!
– Pues a eso vengo, jolines… ¡me vengo a casar!
– Felicidades, Venancio. ¿Y quién es la agraciada?
– No sé, a esa no la conozco.
– No, Venancio. Te pregunto que con quién te vas a casar, quién es tu novia…
– Ah, pues me caso con la Manola…
– ¡Cómo! ¿Con esa zorra? ¡No, Venancio, no hagas eso!
– ¡Que me hago en la leche! ¿Por qué insultas a mi futura esposa?
 
De nuevo Venancio defiende a su prometida con una buena sarta de vituperaciones, y se va furioso de ahí. En su camino, sigue encontrándose con conocidos, y todos reaccionan igual cuando les menciona a la Manola. Después de un rato, se sienta en una banca del parque, consternado y pensativo. En eso, se acerca con él un viejo amigo.
 
– ¡Venancio! ¡Qué gusto! ¿Cómo estás, rediez, pues qué te has hecho en este tiempo?
– Hola, hola… pues bien, creo que estoy bien.
– Pero ¿qué te pasa, Venancio? Te veo preocupado, ¿qué te mortifica?
– Pues nada, hombre, que vengo a casarme.
– ¡Hombre, Venancio! ¡Muchas felicidades! Pero deberías estar muy contento, ¿por qué la cara larga?
– Lo que pasa es que… estoy pensativo, dudoso… resulta que… creo que me voy a casar con una zorra…
– ¡No me digas! ¿A poco te casas con la Manola?
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