Si alguien se ha preguntado el por qué de la escasez de nuevos comentarios (seguramente nadie se lo está preguntando, pero déjenme hacerme ilusiones), las razones son varias: mucha chamba, muchas cosas que atender con el niño, muchas actividades en la casa y uno que otro compromiso social. Pero otra de las causas importantes es el sentimiento de inferioridad y la gran desmotivación que vengo cargando los últimos días.
 
¿A qué se debe esta falta de motivación? ¿A los pobres resultados de “los verdes” (que hasta eso no van tan mal)? ¿Al aumento de la tortilla? ¿A la despenalización del aborto? ¿A la reaparición del chupacabras? ¿A la salida del clóset del chavo de RBD? No, a ninguna de esas razones. La razón se debe a que recientemente bauticé a mi hijo, y para ello tuve que asistir a las pláticas prebautismales de cajón. Hasta eso, no puedo quejarme, solamente fueron dos días, dos horas por día, para un total de 4 eternas horas; he escuchado de templos en donde las imparten durante toda una semana (!!!). Pero el hecho de escuchar, durante 4 largas horas, que Jesucristo murió por nosotros y que no nos interesa, que somos unos pecadores sin remedio, que no somos dignos ni del aire que respiramos, etc., etc… desmotiva a cualquiera. Terminé sintiéndome peor que un mojón de vaca oreado y mosqueado. Y lo peor es que las pláticas caducan al año… así que si quiero bautizar o ser padrino de otro niño, tengo que hacerlo pronto para no tener que repetir el trámite.
 
Bueno, no es para tanto. Realmente no me desmotivaron en lo más mínimo. El problema es que considero esas pláticas una pérdida de tiempo. No sólo no nos dijeron nada nuevo: tampoco nos dijeron nada importante. El que Jesucristo haya muerto por nosotros, que somos pecadores, que vivimos alejados de Dios, que su amor es eterno, etc., etc., etc., lo hemos escuchado durante años, cada domingo en la Misa. Todo eso es cierto (por lo menos para un católico), no digo lo contrario; pero el equivalente en política sería asistir a una plática para que nos digan otra vez que nos saquearon con el FOBAPROA (¡oh, perdón! hay muchos que van a los mítines del Peje para que les repitan lo mismo, es verdad). Ahora bien, no quiero criticar a las personas que nos dieron las pláticas (todos eran laicos), eso sería lo más sencillo y de cierta forma injusto, ya que estas personas dedican tiempo y esfuerzo de buena fe y sin paga. Más bien mi crítica es hacia el contenido de las pláticas.
 
Me explico: en una plática prebautismal me gustaría escuchar sobre lo que representa el bautismo (lo hicieron, aunque en mi opinión se quedaron en generalidades, sin profundizar y con un enfoque muy sentimentaloide), sobre la responsabilidad que tenemos como padres y padrinos al bautizar al niño y sobre la labor de guiarlo en la religión Católica. Vaya, al bautizar al niño lo estamos integrando a una comunidad religiosa a la que, en teoría, permanecerá toda la vida. No son enchiladas. Con esos temas basta y sobra para 4 horas de plática, en lugar de tener 4 horas de sermones de algún sacerdote regañón.
 
Por otra parte, hubo también algunas actitudes por parte de algunos expositores (no todos) que me incomodan. Desde el principio aclaran que “no son mejores que uno, al contrario, son tan pecadores como cualquiera” (me imagino que mucha gente les cuestiona este punto y por eso lo aclaran desde el principio), pero en ciertos momentos llegaron a tomar una actitud de regaño hacia los asistentes. Vaya, ¿quién eres para regañarme, si ni siquiera sabes cómo vivo mi fe, o qué tan creyente soy? ¿Por qué cuestionas mi comportamiento, si ni me conoces? Dicen que no se sienten superiores, pero hasta les tiembla la boca cuando lo dicen al principio de las pláticas porque sí lo sienten. Ah, recuerdo lo que decía Al Pacino en la película del “Abogado del Diablo”: “La soberbia es mi pecado favorito, la raíz de todos los pecados”. En fin.
 
Ahora, para agregar algo de controversia, va mi opinión sobre el bautismo. Pienso que es un muy buen método de la Iglesia Católica para anexar fieles desde chiquitos, cuando todavía no pueden decidir por sí mismos. Y si me preguntan ¿entonces por qué lo bautizaste?, la respuesta es sencilla y hay varias razones:
  • Lo que acabo de mencionar no es una razón, sino una opinión, MI opinión, que no necesariamente es la opinión que tendrá mi hijo y ciertamente tampoco es la opinión de mi esposa.
  • En México hay tres grandes tipos de racismo: en contra de las mujeres, en contra de los indígenas y en contra de los no católicos. Ya que mi hijo no es ni mujer ni indígena, entonces lo saco de problemas haciéndolo católico. Una razón muy pragmática.
  • Por último, y esta es la razón más fuerte: todos los seres humanos necesitamos de un sistema de creencias, una religión. La que sea. La religión nos permite formarnos, desde pequeños, de manera integral. Podemos criticar a la Iglesia o al Catolicismo, pero no podemos negar esta necesidad de la naturaleza humana. Y si una religión es necesaria para una persona, entonces lo mejor es brindarle a mi hijo la posibilidad de ser educado en la única religión que conozco (más bien, de la que desconozco menos).
Bueno, palabrería inútil. El hecho es que ya está bautizado, y con ese motivo nos aventamos una tremenda comilona con mucha cheve. A fin de cuentas, es muy buen pretexto para brindar.
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