Archive for junio, 2007


 
La experiencia y el sentido común nos dicen que, antes de abrir la boca y dar nuestra opinión, vale la pena pensar un poco sobre lo que vamos a decir. De lo contrario, podemos arriesgarnos a malentendidos, e incluso a situaciones comprometedoras que nos pueden traer hasta problemas legales, o sospechas diversas. A todos nos puede pasar; a mí me ha pasado.
 
Y también les ha pasado en estos días a personajes importantes del rancho. Todo con respecto a la nueva ley, que tipifica de delito grave la venta de terrenos irregulares, que comenté en la entrada anterior.
 
Ayer, el periódico publicó las opiniones de Alejandro Pohls. Si bien algunos de sus argumentos son válidos, rescato un par de comentarios en particular:
 
"Estos fraccionamientos llamados irregulares han sido una válvula de escape que ha impedido invasiones urbanas porque han atendido a la gente de escasos recursos ofertando la posibilidad de tener un lugar dónde vivir, por lo tanto no debe satanizarse y menos aún penalizar a quienes atienden a un sector de la población… la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir."
 
Partiendo de la lógica de que "…no debe satanizarse y menos aún penalizar a quienes atienden a un sector de la población…", puedo entender entonces que tampoco hay que penalizar a los que roban autopartes, porque atienden a un sector de la población: los que no pueden o no quieren comprar las refacciones en las agencias, que son "carísimas". Y lo mismo podemos decir de las sexoservidoras, ¿o alguien me va a negar que atienden a un sector de la población? El problema no es que atiendan a un sector de la población, por supuesto; el problema es que lo hacen de manera ilegal.
 
También menciona el señor Pohls que "…la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir." Incluyo el segundo de sus comentarios aquí: "…las personas que viven en fraccionamientos conocidos como irregulares, no son invasores, no invaden a nadie, no le quitan la tierra a nadie, compran su terreno, lo pagan. No son delincuentes."
 
Efectivamente, don Alejandro, estoy de acuerdo. No son delincuentes. Los que compran los terrenos irregulares no. Los delincuentes son los que los venden, llenándose de billetes sin pagar los correspondientes impuestos y trámites a los que está sujeto cualquier ciudadano. Y hay que contar también el tiempo y dinero que le cuesta al Municipio la indemnización de los dueños de estos terrenos, cuando se atraviesan en el camino de una avenida o carretera previamente planeada. Dinero que, por cierto, pagamos nosotros los ciudadanos con los impuestos que los vendedores de estos terrenos no pagan. Con la misma línea de pensamiento, el decir que "la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir" es insinuar que la ley se los impide, lo cual no es verdad; la ley no les impide que tengan un lugar para vivir (vaya, sólo eso faltaba); es más, ni siquiera les impide arriesgarse a comprar un terreno irregular, pues la ley no castiga al que lo compra.
 
Quiero pensar que estas patinadas se deben a que don Alejandro utilizó una desafortunada manera de expresar la problemática de fondo, que es la falta de opciones de compra para las personas de escasos recursos. De acuerdo, pero la labor de las leyes es aplicar la justicia y castigar al delincuente. Nada más.
 
Rescatamos otros comentarios curiosos, que apoyan la extraña tésis de que la ley castiga al inocente. Marcelino Trejo, presidente del Colegio de Abogados de León, menciona que "…ahora las cárceles se van a llenar de abogados, notarios, promotores, que sin deberla ni temerla, tendrán que pagar por fraudes que desconocían." Por su parte, la diputada Bárbara Botello afirma que "…a un notario que certifica la venta, también iría al ‘bote’. O el abogado que le ayudó a hacer el contrato también va a ir al bote."
 
Señor, señora, veamos este ejemplo. Si un médico le receta penicilina a uno de sus pacientes, sin verificar que no sea alérgico a dicho medicamento, el médico pone en riesgo la salud e incluso la vida de su paciente. Si esto sucede, el médico puede ser demandado por "negligencia médica" y, hasta donde sé, podría ser acusado de homicidio imprudencial; y si pone por justificación que "no sabía que era alérgico", nadie piensa que el médico es inocente, sino más bien que es un inepto. Por eso los médicos son extremadamente cuidadosos en esos detalles (no todos, claro). De la misma forma, si un notario va a poner su firma en un documento, avalando que lo que ahí está escrito es verdad y cumple con la ley, más le vale verificar que así sea, porque es su obligación. Si un notario avala un fraude o un proceso ilegal, se va a la cárcel, se trate de terrenos ilegales, empresas fraudulentas, operaciones fiscales evasivas, o lo que sea.
 
El decir que un notario o abogado pone una firma suya, en un documento oficial, arriesgando su trabajo y su libertad, sin siquiera asegurarse que lo que está firmando sea legal, para luego decir que "no sabía", me parece algo infantil (siendo amable). Si creemos eso, entonces podemos creer también las historias de Carlos Trejo y el fantasma de Valentín Elizalde.
 
Si estos comentarios se los hubiera escuchado a la señora de las tortas de la cuadra de enfrente, o a don Abel el barrendero, yo podría pensar que se trata de desconocimiento. Pero escucharlos de una diputada y del presidente del Colegio de Abogados, me hace pensar en otras cosas (y es que soy requete malpensado).
 
Y del otro lado también se cuecen habas. Habla Manuel Mancilla, representante del Frente de Acción Ciudadana: "Es bueno que quieran meter a la cárcel a todos los que vendan los terrenos irregulares, pero el problema va más a fondo. Las autoridades no piensan en los ciudadanos; ¿quién les regresará el dinero que les quitaron a todos los que viven en un terreno irregular?"
 
Me gusta la lógica. En la calle me encuentro a un adivino que, por mil pesos, me vende un amuleto de cuarzo super magiquísimo, con el que me aumentarán el sueldo al triple mañana. Al día siguiente no me aumentan el sueldo, por supuesto, y para empeorar las cosas, el amuleto es de plástico y no de cuarzo. Festejo que promulguen una ley que pretenda encarcelar a los vendedores de amuletos de cuarzo que no es cuarzo, pero me pongo a exigir que el Gobierno me regrese mis mil pesos… la ley me debe proteger de los delincuentes; de mi estupidez me tengo que defender solito. Es como si le exigiéramos a las autoridades que, además de perseguir a los carteristas, nos devuelvan también el dinero que nos robaron, aunque no atrapen al carterista en cuestión. Si, Chucha.
 
Pero la joya de la corona viene por parte de Luis Lorenzo Sandoval Ascencio, presidente de la Federación de Colegios de Abogados: "Es absurdo que se contemplen penas de 3 a 9 años de cárcel a quien venda lotes irregulares y sanciones de 100 a mil días de multa. Esto no es más que la mano del Yunque". Vaya, ahora sí nos pusimos esotéricos. Seguramente los Illuminati están detrás de todo esto.
 
Don Luis, yo no veo la mano del Yunque. Yo veo la mano de la justicia y la legalidad, que pretende castigar al delincuente. Cualquier otra opinión, cualquier otro argumento, no es más que complicidad, voluntaria o involuntaria.
 
Yo les recomendaría a todos los aquí mencionados (y otros que por motivos de espacio y tiempo dejé fuera) que, por las mañanas, se desayunen un sabroso licuado de plátano. El plátano es rico en Fósforo y Potasio, elementos que ayudan al correcto funcionamiento del cerebro. El ácido glutámico también ayuda. Y tal vez así no les ocurra algún desafortunado evento en donde la boca hable antes de que el cerebro piense.
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Hoy leí en el periódico una noticia que llamó mi atención.
 
La nota comentaba sobre una modificación de ley que acaba de aprobar el Congreso del Estado, de nuestra bendita tierra guanajuatense. Y de tierra se trata: la nueva ley tipifica como "delito grave" a la venta de terrenos irregulares, aplicando pena de cárcel a quien lo haga. Tal vez a usted le sorprenda ver que esa actividad delictiva no fuese considerada como grave anteriormente, pero ahora lo es.
 
El hecho de que nuestros legisladores se pongan de acuerdo para modificar una ley ya es bastante sorprendente. Más aún lo es cuando el concepto de aplicar mayor rigor sobre la venta de terrenos irregulares formaba parte de una promesa de campaña, que ahora es una realidad (¡impresionante!) En mi humilde opinión es, además, un acierto legal.
 
Pero eso no fue todo lo que me sorprendió. Si bien la actuación de los legisladores me dejó un buen sabor de boca, los comentarios de los integrantes del Colegio de Abogados del Estado me provocó, por decir lo menos, "extrañamiento" (más no "extreñimiento", no es para tanto). Según estos expertos, el Congreso sacó una reforma "al vapor", y que esta ley afectaría a las "miles de personas de escasos recursos, que ahora no podrán hacerse de un terreno propio". Lo calificaron incluso de "burrada jurídica."
 
A ver. Vamos por partes. ¿Qué esperaban entonces los del Colegio de Abogados que se le pusiera de castigo a los que venden terrenos irregulares? ¿Un reglazo en la mano, o un coscorrón, con su correspondiente "no lo vuelvas a hacer"? Yo esperaría que los del Colegio de Abogados (donde, supongo, todos sus integrantes son Abogados) conocieran la cantidad de denuncias que existen en el Estado de gente que ha perdido sus ahorros, estafados por vendedores de terrenos irregulares. Sin mencionar, por supuesto, el caos urbano que se genera, años después, cuando la ciudad crece lentamente en esa dirección, porque los terrenos irregulares se atraviesan por donde se supone que iría una avenida o una carretera… pero claro, esto casi nunca pasa, es invento mío, ¿verdad? El Municipio entonces tiene que indemnizar a los dueños de terrenos que desde el principio no deberían estar ahí o, en el peor de los casos, proveerlos de servicios gratis o subsidiados (¿ya se nos olvidó lo que pasó con "El Guaje"?), pagados, precisamente, por nosotros los ciudadanos.
 
Pero lo que sí es una sandez, por decirlo de manera que no insulte la inteligencia de estos brillantes abogados, es que se diga que "los más pobres serán los afectados", porque "no podrán comprar un terreno propio en zonas urbanizadas." ¿Están hablando en serio? ¿Entonces nos quieren decir que la gente pobre debe estar condenada a comprar terrenos irregulares por siempre, arriesgándose a que les esquilmen el poco dinero que consigan ahorrar? Ahora bien, hasta yo (que soy pobre, pero no tanto) me veo imposibilitado de comprar un terreno, regular o irregular. Los terrenos son muy caros, sobre todo aquí en Leóndres; efectivamente, existe un problema social, y se debe apoyar a los ciudadanos (pobres y no tan pobres) para poder hacerse de patrimonio de forma legal. Pero tratar de resolver ese problema permitiendo la ilegalidad y la transa no parece la mejor opción. Ahora que, entrados en gastos, les comento que a mí me encantaría tener un Ferrari, pero no me lo puedo comprar. ¿Por qué nadie piensa en mí y permiten que se vendan Ferraris robados, para que yo pueda comprarme uno "irregular", pues no me alcanza para comprar un 550 o un Marianello legalito?
 
Para ver lo absurdo del argumento (es un decir, porque esta babosada no puede considerarse argumento), les pongo una analogía que me parece bastante adecuada: "Es una burrada jurídica prohibir la venta de CDs piratas y declararlo delito grave… los perjudicados con esta medida son los más pobres, porque no podrán comprar un CD original de más de 100 pesos. Debemos permitir que exista la piratería, para que los pobres y desamparados puedan comprar sus disquitos piratas de 15 o 20 pesos, y que puedan seguir disfrutando de su musiquita."
 
Vender terrenos irregulares ya era un delito, pero aún así existen quienes lo hacen. La nueva ley simplemente hará que algunos lo piensen mejor, pero quedarán muchos que sigan cometiendo el ilícito. Así que no se preocupen, queridos integrantes del Colegio de Abogados; pueden dormir tranquilos, pues seguirán existiendo vivales que les permitan a los pobres quedar aún más pobres, después de que les vendan un terreno no escriturado, o con dueño, o en terrenos ejidales, u otras tantas versiones de este robo descarado.
 
En mi optimista cerebro, yo considero que los abogados están aquí para ayudar a quien pueda ser víctima de algún abuso o ilícito. Pero estos señores parecen más bien mostrar la peor concepción del abogado: el que se dedica a mantener a los lacras fuera de la cárcel, mediante argucias legales, huecos en la ley, o simplemente con argumentos tan bobos como decir que "la ley es injusta" o "se perjudicará a los más pobres".
 
Tal vez soy un mal pensado. Tal vez me pongo con Sansón a las patadas y me arriesgo a ser demandado por alguno de estos abogados (eso sí me da miedo)… pero más que una burda e ilógica defensa de "los más pobres", yo veo que estos señores se indignan porque ven reducidas las ganancias que hoy les dejan los amparos de los ratas que venden terrenos ilegales, y las denuncias que meten las víctimas de los mismos. Espero equivocarme rotundamente, pero dice el dicho: "piensa mal y acertarás." Y otro dicho dice: "con dinero baila el perro."

Chascarrillos de consultores

 
Vaya. Casi dos meses sin actualizar el blog. Mis millones de lectores saturan mi correo electrónico, exigiendo que agregue más contenido y amenazando con suicidarse (ya se han matado dos).
 
No me he dado el tiempo para poner más comentarios. Desafortunadamente se me fueron oportunidades de oro para platicar sobre la legalización del aborto, la liberación de "Napito", el fracaso de los verdes en el intento por ascender, la decepción que ha resultado la Selección Mexicana y otras tantas cosas más de las que valdría la pena comentar.
 
Por lo pronto y para quitarle el óxido al blog, agregué unas fotos más del heredero, y también incluyo unos chistes que me contaron sobre consultores. Aclaro que, cuando me los platicaron, el consultor era yo (¿qué me habrán querido decir?)

Una agitada y maltrecha dama, entrada ya en sus cuarentas pero de voluptuosas carnes, entra a la delegación del Ministerio Público, con el vestido maltratado, el maquillaje corrido y despeinada.
– ¡Quiero denunciar una violación! ¡Fui violada por un consultor!
– Bien, "señorita" – responde, por decirle de alguna forma, el oficial que la recibió. – Por favor díganos el nombre de tan perverso gañán, y procederemos a mostrarle el duro e incorruptible brazo de la ley mexicana.
– No sé cómo se llama el tipejo. Solamente sé que es un consultor.
– Bueno, entonces díganos como era el presunto implicado en el ilícito. ¿Alto o bajo? ¿Gordo, delgado? ¿Rubio? ¿Cómo era?
– No pude verlo bien. Estaba en un callejón oscuro. De lo que estoy segura es que era un consultor.
– Bueno, ¿y algún olor que recuerde? ¿Alguna marca de loción que identifiqué? ¿Por lo menos nos podría decir el tamaño del cuerpo del delito? Eso sí debe saberlo…
– No sé, yo lo sentí de tamaño normal… es decir, nunca he sentido uno, pero creo que era de tamaño normal. Lo que sí sé es que era consultor.
– ¡Bueno, con un demonio! ¿Si ni siquiera lo recuerda físicamente, cómo puede estar tan segura de que era un consultor?
– Ah, fácil – contesta la denunciante. – Él no hizo nada, ¡yo tuve que hacerlo todo!
 
—————-
 
Un viejo pastor se encontraba (cosa extraña) pastoreando a su rebaño de ovejas. Lo acompañaba "Solovino", su fiel perro Pastor (claro) Alemán. En eso estaba tranquilamente, cuando de pronto sale de la nada un precioso BMW deportivo, que se acerca al sorprendido pastor, frenando con un ruidoso rechinido a unos cuantos metros. Del auto, sale un joven empresario, elegantemente vestido con ropa de marca, y con unos costosos lentes oscuros. Acomodándose el cabello, se acerca con paso firme y con actitud soberbia al pastor, que lo miraba como si fuera un bicho raro.
– Si le digo cuántas ovejas hay en su rebaño, me llevaré una – le dice el joven al pastor, sin saludar y sin quitarse los lentes. – ¿De acuerdo?
El pastor, sorprendido, acepta el desafío.
Rápidamente, el joven ejecutivo regresa a su automóvil y saca una fina maleta de piel, de donde extrae una laptop nuevecita, con lo último de lo último. La abre, da unos cuantos teclazos, y después regresa con el pastor, con aire triunfante.
– Usted tiene 136 ovejas en su rebaño. ¿Es correcto? O sea, ¿verdad que si?
– Sí, señor. Es correcto – contesta el pastor, completamente asombrado.
– Entonces me llevaré una de sus ovejas, como quedamos.
– De acuerdo – contesta el pastor. – Solamente dígame como le hizo para saber el número, y se la puede llevar.
– Claro, o sea, está mil de fácil – contesta el joven, sin quitarse los lentes de sol. – Me conecté por internet a un servicio de rastreo por satélite, digo, si sabe lo que es un satélite, ¿no? O sea, ¡hellooooo!. Obtuve una fotografía digital de la zona; luego utilicé un software de análisis dimensional para no tener que contar las ovejas. ¿Me entiendes? O sea, mil de flojera contarlas yo, o sea, equis wey, ni al caso. Y listo. ¿Captas? ¿O te lo mando por mail?
El pastor se queda un rato, pensativo, mientras el joven batallaba para acomodar uno de los animales en el asiento trasero de su BMW. En eso, el rostro del pastor se ilumina y sonríe levemente. Se acerca al joven, justo en el momento en que terminaba de acomodar al animal en su auto.
– Oiga, joven. Le propongo algo. Si yo adivino a qué se dedica usted, ¿me devuelve mi animal?
El galán piensa para sí mismo: "O sea, este autóctono que se piensa, que puede atinarle a mi trabajo, si ni leer ha de saber el ruco, ¡nada que ver! O sea, ¡qué loser!"
– Ok – contesta el ejecutivo. – O sea, que sueños guajiros de querer adivinar, estás pero si como operado del cerebro. Pero bueno, para que no digan que abuso de los aborígenes. Acepto.
– Muy bien – contesta el pastor. – Tú eres un Consultor.
El joven se queda atónito. Se quita los lentes finalmente para verlo con sus propios ojos. No cabía en su asombro.
– O sea, ¡que loco! No lo puedo creer. O sea, un analfabeta como tú, ¿cómo supiste?
– Pues, ya ve. ¿Me devuelve mi animal?
– Tratos son tratos. Pero, o sea, explícame cómo le hiciste y te lo devuelvo.
– Sí, como no – responde el pastor. – Muy fácil. Mira, llegaste de quién sabe dónde, sin que nadie te llamara. Llegaste y ni me saludaste, ni te presentaste, ni nada. Después, me dijiste algo que yo ya sabía, y además me intentaste cobrar por eso. Y para confirmar todo, se ve que no sabes nada de mi negocio, porque en lugar de una oveja ¡te estabas llevando a mi perro "Solovino"!
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