La experiencia y el sentido común nos dicen que, antes de abrir la boca y dar nuestra opinión, vale la pena pensar un poco sobre lo que vamos a decir. De lo contrario, podemos arriesgarnos a malentendidos, e incluso a situaciones comprometedoras que nos pueden traer hasta problemas legales, o sospechas diversas. A todos nos puede pasar; a mí me ha pasado.
 
Y también les ha pasado en estos días a personajes importantes del rancho. Todo con respecto a la nueva ley, que tipifica de delito grave la venta de terrenos irregulares, que comenté en la entrada anterior.
 
Ayer, el periódico publicó las opiniones de Alejandro Pohls. Si bien algunos de sus argumentos son válidos, rescato un par de comentarios en particular:
 
"Estos fraccionamientos llamados irregulares han sido una válvula de escape que ha impedido invasiones urbanas porque han atendido a la gente de escasos recursos ofertando la posibilidad de tener un lugar dónde vivir, por lo tanto no debe satanizarse y menos aún penalizar a quienes atienden a un sector de la población… la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir."
 
Partiendo de la lógica de que "…no debe satanizarse y menos aún penalizar a quienes atienden a un sector de la población…", puedo entender entonces que tampoco hay que penalizar a los que roban autopartes, porque atienden a un sector de la población: los que no pueden o no quieren comprar las refacciones en las agencias, que son "carísimas". Y lo mismo podemos decir de las sexoservidoras, ¿o alguien me va a negar que atienden a un sector de la población? El problema no es que atiendan a un sector de la población, por supuesto; el problema es que lo hacen de manera ilegal.
 
También menciona el señor Pohls que "…la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir." Incluyo el segundo de sus comentarios aquí: "…las personas que viven en fraccionamientos conocidos como irregulares, no son invasores, no invaden a nadie, no le quitan la tierra a nadie, compran su terreno, lo pagan. No son delincuentes."
 
Efectivamente, don Alejandro, estoy de acuerdo. No son delincuentes. Los que compran los terrenos irregulares no. Los delincuentes son los que los venden, llenándose de billetes sin pagar los correspondientes impuestos y trámites a los que está sujeto cualquier ciudadano. Y hay que contar también el tiempo y dinero que le cuesta al Municipio la indemnización de los dueños de estos terrenos, cuando se atraviesan en el camino de una avenida o carretera previamente planeada. Dinero que, por cierto, pagamos nosotros los ciudadanos con los impuestos que los vendedores de estos terrenos no pagan. Con la misma línea de pensamiento, el decir que "la ley no debe impedirles tener un lugar dónde vivir" es insinuar que la ley se los impide, lo cual no es verdad; la ley no les impide que tengan un lugar para vivir (vaya, sólo eso faltaba); es más, ni siquiera les impide arriesgarse a comprar un terreno irregular, pues la ley no castiga al que lo compra.
 
Quiero pensar que estas patinadas se deben a que don Alejandro utilizó una desafortunada manera de expresar la problemática de fondo, que es la falta de opciones de compra para las personas de escasos recursos. De acuerdo, pero la labor de las leyes es aplicar la justicia y castigar al delincuente. Nada más.
 
Rescatamos otros comentarios curiosos, que apoyan la extraña tésis de que la ley castiga al inocente. Marcelino Trejo, presidente del Colegio de Abogados de León, menciona que "…ahora las cárceles se van a llenar de abogados, notarios, promotores, que sin deberla ni temerla, tendrán que pagar por fraudes que desconocían." Por su parte, la diputada Bárbara Botello afirma que "…a un notario que certifica la venta, también iría al ‘bote’. O el abogado que le ayudó a hacer el contrato también va a ir al bote."
 
Señor, señora, veamos este ejemplo. Si un médico le receta penicilina a uno de sus pacientes, sin verificar que no sea alérgico a dicho medicamento, el médico pone en riesgo la salud e incluso la vida de su paciente. Si esto sucede, el médico puede ser demandado por "negligencia médica" y, hasta donde sé, podría ser acusado de homicidio imprudencial; y si pone por justificación que "no sabía que era alérgico", nadie piensa que el médico es inocente, sino más bien que es un inepto. Por eso los médicos son extremadamente cuidadosos en esos detalles (no todos, claro). De la misma forma, si un notario va a poner su firma en un documento, avalando que lo que ahí está escrito es verdad y cumple con la ley, más le vale verificar que así sea, porque es su obligación. Si un notario avala un fraude o un proceso ilegal, se va a la cárcel, se trate de terrenos ilegales, empresas fraudulentas, operaciones fiscales evasivas, o lo que sea.
 
El decir que un notario o abogado pone una firma suya, en un documento oficial, arriesgando su trabajo y su libertad, sin siquiera asegurarse que lo que está firmando sea legal, para luego decir que "no sabía", me parece algo infantil (siendo amable). Si creemos eso, entonces podemos creer también las historias de Carlos Trejo y el fantasma de Valentín Elizalde.
 
Si estos comentarios se los hubiera escuchado a la señora de las tortas de la cuadra de enfrente, o a don Abel el barrendero, yo podría pensar que se trata de desconocimiento. Pero escucharlos de una diputada y del presidente del Colegio de Abogados, me hace pensar en otras cosas (y es que soy requete malpensado).
 
Y del otro lado también se cuecen habas. Habla Manuel Mancilla, representante del Frente de Acción Ciudadana: "Es bueno que quieran meter a la cárcel a todos los que vendan los terrenos irregulares, pero el problema va más a fondo. Las autoridades no piensan en los ciudadanos; ¿quién les regresará el dinero que les quitaron a todos los que viven en un terreno irregular?"
 
Me gusta la lógica. En la calle me encuentro a un adivino que, por mil pesos, me vende un amuleto de cuarzo super magiquísimo, con el que me aumentarán el sueldo al triple mañana. Al día siguiente no me aumentan el sueldo, por supuesto, y para empeorar las cosas, el amuleto es de plástico y no de cuarzo. Festejo que promulguen una ley que pretenda encarcelar a los vendedores de amuletos de cuarzo que no es cuarzo, pero me pongo a exigir que el Gobierno me regrese mis mil pesos… la ley me debe proteger de los delincuentes; de mi estupidez me tengo que defender solito. Es como si le exigiéramos a las autoridades que, además de perseguir a los carteristas, nos devuelvan también el dinero que nos robaron, aunque no atrapen al carterista en cuestión. Si, Chucha.
 
Pero la joya de la corona viene por parte de Luis Lorenzo Sandoval Ascencio, presidente de la Federación de Colegios de Abogados: "Es absurdo que se contemplen penas de 3 a 9 años de cárcel a quien venda lotes irregulares y sanciones de 100 a mil días de multa. Esto no es más que la mano del Yunque". Vaya, ahora sí nos pusimos esotéricos. Seguramente los Illuminati están detrás de todo esto.
 
Don Luis, yo no veo la mano del Yunque. Yo veo la mano de la justicia y la legalidad, que pretende castigar al delincuente. Cualquier otra opinión, cualquier otro argumento, no es más que complicidad, voluntaria o involuntaria.
 
Yo les recomendaría a todos los aquí mencionados (y otros que por motivos de espacio y tiempo dejé fuera) que, por las mañanas, se desayunen un sabroso licuado de plátano. El plátano es rico en Fósforo y Potasio, elementos que ayudan al correcto funcionamiento del cerebro. El ácido glutámico también ayuda. Y tal vez así no les ocurra algún desafortunado evento en donde la boca hable antes de que el cerebro piense.
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