Uno de los eventos recientes más destacados fue, sin duda, la respuesta del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, a la decisión de la Suprema Corte con respecto a la legalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo y, con ello, la posibilidad de adoptar niños al igual que los matrimonios heterosexuales. "¿Les gustaría que los adopten maricones o lesbianas?" fue la pregunta retórica del cardenal hacia los magistrados y a todo aquel que esté de acuerdo con la decisión de la corte. La respuesta que inmediatamente nos sale de los labios, casi por sí sola, parece decir: "preferible que nos adopten unos maricones, que unos sacerdotes pederastas amigos de Maciel". Por mi parte, a mí sí me gustaría que me adoptaran dos lesbianas; sería muy divertido y, si además son bisexuales, mejor.
 
Todos conocemos la postura de la Iglesia Católica hacia el homosexualismo, así que esperar cualquier comentario favorable de parte de estos líderes religiosos sería una postura muy, muy ingenua. Por otra parte, Sandoval Íñiguez nunca se ha caracterizado por su mesura al hablar públicamente, lo que le ha conseguido el merecido apodo de "cavernal". Aún así, esperábamos mucho más de parte de una autoridad eclesiástica. Los católicos podemos exigirle al cardenal, con todo derecho, que respete la investidura que ostenta, y que se exprese con argumentos de peso, bien fundamentados, en lugar de decir tarugadas propias de un cantinero de barrio y no de un cardenal. Es cierto que unos días después el cardenal reculó (es decir, corrigió) y se disculpó de su metida de pata, afirmando que "la Iglesia Católica no tiene nada en contra de ‘esas personas’". Bueno, por el tono, poco le faltó para decir que la Iglesia no tiene nada en contra de esa bola de puñales. ¿Pues qué los homosexuales no son también hijos de Dios? ¿Acaso Jesucristo no le tendió la mano a los pecadores, a los despreciados y a los discriminados? ¿En qué momento se nos olvidó esa enseñanza?
 
Y del otro lado no venden piñas. Marcelo Ebrard nos sorprendió a todos al mostrar unos huevos, "para que los vea el cardenal", reafirmando el bajo nivel de discusión en este circo lamentable. Tal vez Ebrard pretendía hacer un chistorete, considerando que Jorge Ortiz de Pinedo, Eugenio Derbez y demás "cómicos" nos han enseñado que la vulgaridad es graciosa per se. Además, a Marcelo Ebrard le cae de perlas esta pequeña distracción, para desviar la atención de los cuestionamientos que se le han hecho sobre la "supervía" y los cambios que le quiere hacer al monumento de la Revolución para dejarlo aún más feo. En este caso, también se nos sale de los labios la pregunta obvia: "Marcelo… ¿y dónde los tenías cuando debías de poner en orden a los del SME (Sinvergüenza Martín Esparza)?" Yo, por mi parte, le sugiero al jefe de gobierno capitalino que mejor los guarde, porque los va a necesitar cuando se defina quién será el candidato del PRD a la Presidencia de la República. El "pejítimo" no se la va a dejar tan facilita.
 
Bueno, y a todo esto, ¿qué tan grave es que los homosexuales puedan adoptar niños? Aunque personalmente tengo mis dudas sobre el tema, y no estoy seguro de que un niño pueda desarrollarse de manera integral en ese escenario, realmente el asunto no me quita el sueño. ¿Cuántas parejas homosexuales se han casado desde que se promulgó la ley? Y de ellos, ¿cuántas parejas tienen verdaderas intenciones de adoptar a un niño? Y de ese número, ¿cuántos cumplen con la larga lista de requisitos que se deben cubrir para ser elegibles a la adopción? No tengo los datos, pero me imagino que la cantidad no debe ser tan grande, y de cualquier forma tendrían que entrar a la lista de espera para que se les otorgue un niño en adopción.
 
Lo que sí me preocupa (aunque la verdad, no mucho) es que, en algún momento, un matrimonio homosexual pretenda adoptar a un niño, y se le rechace la petición por no cumplir con algunos requisitos. El riesgo está en que esta pareja de pronto levante la voz, acusando de "homofóbicos" a los que les negaron el trámite. Ya me imagino el escenario: apariciones a diario con López Dóriga y Loret de Mola; inmediato apoyo del PRD y de otros grupos "progres"; marchas organizadas por estos grupos, a los que se les sumará el SME, las "libres", los "Panchos Villas", el orgullo gay, los "APPOs" y los pejelocos; rayadas de madre al por mayor a Serrano Limón, al Papa, a la Iglesia, al Yunque, al gobierno de "Fecal", al innombrable, a los poderosos y a todo lo que huela a "ultraderecha". Al final, es probable que se les dé preferencia en la adopción a parejas homosexuales, aunque no cumplan con los requisitos, para que no tachen de "homofóbicas" a las autoridades correspondientes. Y esto, además de perjudicar a un niño, se convertirá en una clara muestra de discriminación, pero esta vez hacia las parejas heterosexuales.
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