En días pasados trascendió la nota de que Provida, esa tierna organización que acusa a cualquiera de "pro-abortista" sin razón aparente y que considera al SIDA como un merecido castigo divino hacia los perversos pecadores lujuriosos, deberá devolver la nada despreciable suma de 22 millones de pesos al gobierno federal. La suma se compone de un desvío de fondos de más de 14 millones de pesos, junto con sus módicos intereses acumulados desde 2005, que fue cuando estalló el famoso escándalo del "tangagate" y que le costó a don Serrano Limón la destitución del puesto y la inhabilitación por 15 años para ocupar cualquier cargo público.
 
El dinero se le dio a Provida para la construcción de centros de ayuda a la mujer. En cambio, los fondos que no pudieron comprobarse ni justificarse se utilizaron para comprar artículos de lujo, ropa cara y muchas tangas femeninas muy sexis (curiosa forma de apoyar a las mujeres, sobre todo viniendo de personas que piensan que las mujeres son violadas debido a que visten de forma provocativa). Además, se encontraron muchas facturas de pagos hacia empresas fantasmas, que tenían el mismo domicilio fiscal que Provida. En otras palabras, un tremendo trinquete.
 
Parece que a Serrano Limón se le olvidó que los 10 mandamientos son diez y no seis, porque después del sexto mandamiento "no fornicarás" (el mandamiento que predica a gritos) sigue el séptimo: "no robarás". Así que, además de moralista radical, el señor es un ladrón.
 
No me queda duda. El aborto es un gran negocio, tanto para los que lo combaten como para los que lo promueven.
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