El lunes por la noche vi en el noticiero del "teacher" López Dóriga un reportaje sobre sexoservidoras, lo cual (como era de suponerse) llamó de inmediato mi atención.
 
En el reportaje presentaron el caso de una jovencita de 17 años (creo que su nombre artístico era "Andrea"). La muchachita ha trabajado en la profesión más antigua del mundo desde sus tiernos 13 años, explotada por su tía que también era sexoservidora (por eso mi esposa se enoja cuando le enseño al niño cómo usar la computadora). Resultaba curioso ver la total naturalidad con la que la niña explicaba su forma de trabajo y los pormenores de su oficio.
 
Posteriormente, el reportaje hizo énfasis en los anuncios del periódico, en donde se hace publicidad a este tipo de servicios. En particular, dirigieron sus ataques a tres periódicos específicos: Metro, Reforma y El Norte, todas publicaciones del Grupo Reforma. Incluso mostraron las páginas de esos diarios en donde se anuncian las sexoservidoras. Desafortunadamente, censuraron los avisos en la pantalla y no pude anotar ningún teléfono ni ver ninguna de las fotos con claridad.
 
Es cierto, en este tipo de servicios se pueden encontrar muchos casos de prostitución infantil y trata y explotación ilegal de personas. Lo que me llamó la atención del reportaje, sin embargo, era la postura un poco escondida de acusar a los anuncios del periódico como si fueran los únicos culpables de toda la situación. Llegó un momento de la entrevista en que quedaba claro que no sólo los malvados culpables de la trata infantil eran los periódicos que publicaban esos anuncios, sino que eran, en particular, los tres periódicos mencionados. Olvídese usted de carencias económicas, explotación, redes internacionales y de todas esas nimiedades: para resolver el problema hay que quitar los sexi-anuncios del periódico (y sólo de esos tres periódicos) y asunto arreglado.
 
De pronto recordé aquel caso de los intermediarios en la venta de medicinas. ¿Recuerda usted? Durante semanas, los noticieros de ambas televisoras atacaron sin piedad a Casa Saba, la mayor empresa distribuidora de fármacos en nuestro país, culpándola de aumentar los precios de las medicinas de forma artera. Aunque esto es verdad, ¿fue acaso el gran sentido social de las televisoras lo que las impulsó a denunciar este hecho de forma implacable? Pues no, la razón era mucho más simple y mezquina: Isaac Saba, el accionista principal de Grupo Casa Saba, había solicitado a la SCT la concesión de un canal de televisión abierta, en el que pretendía transmitir por medio de sus socios comerciales de Telemundo y NBC, y proporcionar una opción más de televisión abierta al público mexicano. Los ataques de las televisoras terminaron de la noche a la mañana, en cuanto Telemundo desistió de su intento por crear un canal abierto de televisión en México. Casa Saba sigue lucrando con los precios de las medicinas como siempre lo ha hecho; pero matar viejitas y enfermos no fue su gran pecado, sino intentar abrir una opción de televisión que combatiera contra el duopolio Televisa-TV Azteca.
 
Con este referente, me queda claro que a Televisa no le preocupa en lo más mínimo la situación de muchas niñas que, como Andrea, son obligadas a prostituirse. Algo debe haber hecho Grupo Reforma para hacer enojar a Televisa. De otra forma, no se explica por qué atacan a un problema grave como lo es la explotación sexual, señalando a uno de sus síntomas (los anuncios en el periódico) como si fuera una de las causas, y además lo hace con tres publicaciones específicas de Grupo Reforma. Sin duda pronto sabremos la verdadera razón detrás de esta "noticia".
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