En la entrada anterior mencioné que los mexicanos tenemos muy pocos triunfos para orgullecernos. Pero en donde los mexicanos siempre ganan, es en los chistes.
 
Ayer iba en el camión (así es, uso el camión, a pesar de ser un burguesito panista ultraderechista) y vi a una muchachita con una minifalda muy favorecedora. El segundo pensamiento que cruzó mi mente me hizo recordar un chiste que a continuación redacto. Feliz viernes.
 

En un tren viajaba una viejita. A su lado, iba sentada una joven y bien proporcionada damisela, utilizando una minifalda que mostraba todo aquello que las minifaldas muestran. Frente a la joven viajaba un argentino y, a su lado, frente a la viejita, un mexicano.

El tren entra en un túnel. Todo queda oscuro, y de pronto se escucha un tremendo cachetadón, de esos que hasta duele nomás de escucharlo. ¡SLAAAAAAP!

El tren sale del túnel. Se vuelve a iluminar el vagón. El argentino se frota la cara, con gesto adolorido. Nadie dice nada, pero todos tienen sus pensamientos:

La viejita: "Este argentino mañoso. De seguro le acarició las piernas a esta muchacha, y ella le dio una cachetada. ¡Se lo merece!"

La muchacha: "¡Pobre argentino! Seguramente intentó tocarme las piernas, y el muy tontito tocó a la viejita, que le soltó su cachetada."

El argentino: "Maldito mexicano prieto. De seguro le tocó las piernas a esta muchacha, y ella pensó que fui yo y me propinó la cachetada. ¡Me duele!"

El mexicano: "¡Ja, ja, ja, ja! En cuanto entremos a otro tunel, ¡le vuelvo a rajar otra cachetada a este mugroso argentino!"

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