Continuando con este conteo regresivo de las cosas que me disgustan acerca de las computadoras, y que tiene en ascuas a todos los millones de lectores del blog, llegamos al punto número…

9. Los manuales (o carencia de)

En los viejos buenos tiempos de las computadoras, tener un conocimiento considerable al respecto era un requisito para poder usar una. Los equipos se distribuían junto con una buena cantidad de diskettes para instalar el sistema operativo (en el caso afortunado de contar con una PC con disco duro) y unos enormes manuales impresos con todo lo que uno necesitaría para poder hacer algo más que exhibir la PC apagada en el estudio o en la sala. Además del indispensable manual de instalación y configuración del equipo, se podía encontrar también uno con la lista de los comandos más utilizados del sistema operativo, y otro que incluía los diagramas del diseño interior del equipo, así como las características técnicas de sus componentes; este último manual era vital cuando uno quería instalar más memoria, una tarjeta de expansión o un disco duro adicional (nada de plug and play, todo tenía que configurarse a mano.)

Pasó el tiempo y hubo dos eventos en particular que cambiaron esta situación.

El primero de ellos fue la aparición del CD en las computadoras. A partir de ese momento, se contaba con un medio de almacenamiento práctico que permitía guardar una gran cantidad de datos (en esos tiempos, 600 MB era mucho espacio.) Los fabricantes comenzaron a ahorrarse los manuales en papel, y los integraron en formato electrónico, dentro de un CD. Esto no estaba nada mal; sin embargo, el manual de diseño interno del equipo no resulta práctico en formato electrónico, ya que por lo general es muy difícil consultar la información de un CD en una PC apagada, sin la tapa y con algunos componentes desconectados. Aún así, el manual podía imprimirse previamente.

El segundo evento al que me refiero consistió en la repentina facilidad de uso que ganaron las PCs, a partir de la aparición de los sistemas operativos gráficos (es decir, Windows.) De pronto, ya no era necesario ser un nerd o conocer a uno para poder configurar y utilizar una computadora. La simplicidad fue tal, que cualquiera podía utilizar una computadora. El problema vino cuando los fabricantes se fueron al extremo opuesto y comenzaron a venderle computadoras a cualquiera, haciéndole creer a la gente que usar una PC era tan simple como usar una tostadora de pan.

Ahora bien, combinemos ambos eventos y tenemos un resultado: dado que las computadoras son muy fáciles de utilizar, y quienes las usarán no tendrán necesidad de hacer tareas más allá de lo que la propia interfaz les permita, entonces ¿para qué incluir manuales técnicos? ¡Más les vale a estas personas no meterse con las cuestiones técnicas de sus equipos!

Como resultado, el único manual impreso que acompaña a una PC nueva es un librito con el contrato de licencias y todas las restricciones legales, en 450 idiomas diferentes. Con algo de suerte, el fabricante puede incluir un panfleto de una página con dibujitos, que nos enseña claramente cómo conectar la computadora al enchufe eléctrico. Algunos fabricantes son tan generosos, que incluyen información técnica compleja y sofisticada, como por ejemplo los invaluables consejos sobre no colocar la computadora en una superficie inestable donde se pueda caer, y la precaución que uno debe tener para no mojar la computadora cuando está encendida.

En otras palabras, la información que se incluye hoy en día en los manualitos que acompañan a las PCs (cuando hay) es para idiotas. Me parece una estupidez y una falta de respeto por parte de los fabricantes hacia sus clientes. Las computadoras son herramientas complejas, que son utilizadas por personas inteligentes. Si llegan a existir casos de personas con muy pocas neuronas que compran y tratan de utilizar una PC, es por culpa de los propios fabricantes que las promocionan como licuadoras. Y de cualquier manera, ¿por qué no incluir un manual electrónico, en un simple y barato CD, con información técnica importante? Si la persona no tiene el conocimiento suficiente, sabrá de inmediato que ese manual es para su amigo geek que le puede ayudar a usar la PC.

La razón por la que incluyo esta situación en la lista, es porque en más de una ocasión me he visto en posición bochornosa, cuando un amigo o un familiar me piden que les ayude a comprar e instalar un componente nuevo para su PC, o a resolver un problema. El caso es que normalmente sé qué tengo que hacer, pero no sé dónde. Cosas como saber cuál es la combinación de teclas en particular para entrar a la configuración del BIOS en ese modelo de PC, el tipo de memoria que requiere o la interfaz soportada para conectar un disco duro. Entonces, cuando le comento a mi amigo o familiar que necesito investigar sobre su modelo de computadora, me contestan diciendo “si quieres, te traigo a un ingeniero para que te ayude”. En esos momentos es cuando más extraño los enormes y pesados manuales técnicos, y me encantaría tener uno en las manos para reventarle un librazo en la jeta.

En otra ocasión, mi madre me obsequió una Sony Vaio (ella se la ganó en una rifa y, como no pretendía usarla, me la regaló.) Lo primero que hice fue aumentarle los ridículos 256 MB de memoria a una cantidad más decente (1 GB.) Como era de esperarse, la PC no incluía un manual con las especificaciones técnicas del equipo (aunque sí traía un librito de varias páginas que explicaba, claramente, con dibujitos e instrucciones en varios idiomas, cómo sacar el monitor de la caja, cómo ensamblar sus dos piezas, cómo colocarlo sobre la mesa y cómo conectarlo a la corriente eléctrica y a la salida de video de la PC.) Después de realizar una búsqueda exhaustiva en internet sin éxito, tuve que llevar el CPU a la tienda para que ahí revisaran cuál tipo de memoria le podía quedar. Finalmente pude comprar la memoria, no sin antes firmar una carta donde liberaba de responsabilidades a la tienda si la memoria provocaba alguna falla seria en mi equipo, recordándome además que la garantía de la memoria dejaría de aplicar. Y es que nunca conseguimos saber cuál era la velocidad del bus de la tarjeta madre; usted sabe, esos pequeños datos irrelevantes que, a lo mucho, lo peor que provocarían sería que la memoria se quemara, junto con otros componentes baratos e innecesarios, como la tarjeta madre, la de video o el CPU. Aunque sólo se quemara la memoria, la verdad es que no estaba dispuesto a pagar algo así como 2 mil pesos (era lo que costaba 1 GB en ese tiempo) por una memoria achicharrada.

Lo interesante es que, cuando se trata de equipos armados, ese problema no existe. Al adquirir componentes por separado, generalmente traen su manual técnico. ¿Por qué entonces las marcas comerciales no lo incluyen? Sospecho que lo hacen para dificultar lo más posible las actualizaciones al hardware, forzando al cliente a que compre un equipo nuevo al verse imposibilitado de mejorarlo, o bien tratando de que el comprador tenga que llevar su equipo con un técnico autorizado, que seguramente le cobrará más de lo que debería costar el servicio.

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