Tengo serias dudas sobre la veracidad del famoso asunto del “Cablegate” del sitio WikiLeaks. Para empezar, dudo que Julian Assange sea un verdadero “paladín de la verdad” y, si así fuera, tampoco creo que los primos del norte sean tan buenas gentes como para dejarlo publicar cosas comprometedoras en su sitio con toda tranquilidad. Algo habrían hecho ya para callarlo, que para eso se pintan solos.

En algunos medios noticiosos han cuestionado el hecho de que la información fue compartida con prestigiados periódicos occidentales únicamente: nada a los medios asiáticos, latinoamericanos y mucho menos de medio oriente. Por otro lado, hasta donde tengo entendido, los cables no contienen nada relevante, y no pasan de mero chisme propio de “La Oreja”, de cosas que además ya sabemos (¿que Berlusconi es un mujeriego? ¡Quién lo hubiera imaginado!) Supongo que los cables relacionados con México deben decir que Montiel es un rata y que al Peje se le botó el caico. O sea, nada nuevo.

Por su parte, los sitios conspiranoicos (que tanto me divierten) afirman que el Cablegate es algo prefabricado, pero no por los motivos que cité previamente, sino porque los cables no dicen nada sobre las alianzas de los gringos con los extraterrestres, los oscuros acuerdos con las malévolas farmacéuticas y las “inútiles” vacunas, los “chemtrails” o los “morgellons” (una simpática ocurrencia, según la cual los malvados Illuminatis controlan nuestras mentes a través de pelusitas en los cepillos), o la invención de “enfermedades inexistentes” como la inluenza AH1N1 o la fiebre aviar. Y como esos relevantes temas no aparecen en los cables, deducen entonces que los cables deben ser falsos, claro.

Como paréntesis, me encantaría ver un día a un grupo de estos conspiranoicos frente a los familiares de algún fallecido por influenza AH1N1. Sería divertido ver cómo intentan convencer a estas personas de que su ser querido murió a causa de una enfermedad imaginaria, inventada por los gobiernos de derecha, con el fin de desviar la atención de la crisis económica. Seguramente recibirían una partida de hocico nada imaginaria y bien merecida.

Los oportunistas no faltan. Hugo Chávez no se podía quedar callado y ya está pronosticando “la caída del imperio” (¿hablará del imperio de Darth Vader?), mientras que Ecuador ofrece asilo a Assange para protegerlo de sus “enemigos imperiales”. En este último caso, recordemos que Rafael Correa (presidente de Ecuador) participó hace poco como doble cinematográfico, en un simulacro de atentado en su contra; parece que le gustó eso de ser la estrella de la película.

Conspiraciones y locuras aparte, y suponiendo que el Cablegate sea un montaje, ¿quién podría estar detrás? La información divulgada parece haber sido cuidadosamente escogida para no generar un conflicto global importante pero, al mismo tiempo, meter en dificultades diplomáticas al gobierno norteamericano con algunos de sus aliados. Los principales afectados en este hecho son, por supuesto, el Presidente Obama y Hillary Clinton, su Secretaria de Estado. El Cablegate hace ver muy vulnerable al gobierno de Obama, dando la impresión de que cualquiera puede meterse a sus sistemas de información y divulgar información que ponga en riesgo la soberanía de los Estados Unidos.

¿A quién le interesaría generar un escándalo que afecte a un gobierno, pero sin poner en riesgo al país? Desde mi punto de vista, pueden ser los radicales del partido republicano: el famoso Tea Party. El mecanismo además cuadra bastante bien con su “modus operandi”. Y la motivación la tienen, ya que para estos radicales de ultraderecha, los demócratas y los ciudadanos norteamericanos han hecho algo a sus ojos inaceptable: colocar en la presidencia de los Estados Unidos a un negro.

A mis amigos conspiranoicos les recomiendo que dejen de buscar enemigos imaginarios como los Illuminati o el NWO. Tienen ante sus ojos un grupo más macabro, más peligroso y mucho más real. No, no es el Yunque. Es el “partido del té”. Estos sí me dan miedo.

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