Ayer los panzas verdes jugaron un partido de presentación en su casa. Desafortunadamente no pude ir al estadio, por culpa de la facturación electrónica. Los changas ganaron 1 a 0 sobre el Pachuca de primera división. El resultado realmente es lo de menos: aunque parece bueno que le ganen a un equipo fuerte de la primera división, no hay que olvidar que son los dueños del equipo, y que sería una mala estrategia de “marketing” venir a ganarle al León en su propia casa. Por esta razón, el resultado debe verse con reservas y con mesura.

Lo que se puede rescatar es la manera en que fue recibido Milton Queiroz “Tita” por la afición: un estadio lleno y una ovación tan intensa (según los periódicos) como cuando anotaba sus conocidos goles en la temporada 91-92 en la que fue campeón con los verdes. Ahí se nota el peso que tiene como el gran ídolo de la afición leonesa, probablemente el más grande de su historia. Como era de esperarse, al primer tiro de castigo a favor de los esmeraldas la gente elevó de nuevo el grito de “¡Tita, Tita!”, quizás esperando que, de pronto, el ahora entrenador se quitara el saco y entrara a la cancha a cobrar el tiro directo.

Los periódicos mencionan también que los jugadores aplaudían con cierto desgano ante la ovación de la gente. Posiblemente nunca vieron jugar a “Tita”. Yo espero que alguno de ellos entienda que una ovación así solamente se consigue dejando el alma en la cancha. Ojalá alguno de los jugadores entienda lo que ayer sucedió en el estadio, y que deje también el alma en cada partido, aunque sea solamente para recibir, en algunos años, una ovación similar a la que tuvo “Tita” cuando pisen de nuevo la cancha de los verdes.

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