David Romo Guillén es el “cardenal” de la Iglesia de la Santa Muerte, aunque parece que también lo es de la Iglesia del Santo Secuestro Mártir y de la Santa Extorsión Virgen. Las autoridades lo presentaron ayer como el presunto líder de una banda de secuestradores, capturada en días pasados.

Durante su presentación ante las cámaras de televisión, el cardenal Romo hizo gala de su don de lenguas (es decir, es bien “lengua”) y denunció ante los medios los indescriptibles actos de tortura (“hasta toques en los huevos” según sus propias palabras) que recibieron él y los integrantes de su banda de tiernos adoradores de “la flaquita”. Supongo que él y sus secuaces siempre trataron a sus víctimas con ternura y suavidad, y por eso se quejan de los malos tratos, porque por más que reviso las fotos no encuentro huellas de tortura en los rostros de los angelitos (aunque la cara de perro enojado del cardenal Romo tal vez se debe a la medición de Ohms de sus tompiates que, según él, le aplicaron).

Curiosamente, el individuo había insistido en diversas ocasiones que su culto no estaba relacionado con delincuentes ni con el narco. Tal vez su culto no, pero él sí. O tal vez los mandamientos de la Iglesia de la Santa Muerte no incluye el precepto “no mentirás” (el de “no matarás” me queda claro que no lo tiene).

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