No he visto la película “Presunto culpable“, y no me dan ganas de verla, ni siquiera por la polémica actual. No porque la considere mala, sino porque ese tipo de películas siempre me dejan enojado y/o deprimido. Además, la película dice algo que ya sabemos: que nuestro sistema de justicia es una mierda tiene áreas de oportunidad y mejora importantes. Por otra parte, me he encontrado comentarios en blogs y foros de discusión de personas que al parecer saben de leyes, y que opinan que la película es una farsa. No lo sé.

Ahora bien, el intento de retirar la película de su proyección pública (y digo intento porque el retiro fue revocado ayer por un tribunal) me deja confundido. Por un lado, es ridículo pensar en censura después de que se permitió filmar el caso en los juzgados y luego recibir los permisos correspondientes para su proyección en las salas de cine; pero por otro lado, la velocidad con la que se tomó la decisión de retirar la película de su proyección pública hace pensar en intereses fuertes para impedir su difusión. Lo único que lograron, sin embargo, fue darle más publicidad a la película, como sucedió hace algunos años con “El crímen del padre Amaro”, la cual recibió hordas de cinéfilos en el momento en que la Iglesia dijo que verla era pecado y quienes la vieran se iban a ir “al infieeeeeernoooooooooo…”

¿Y los medios? Con el profesionalismo y la ética que los caracteriza, se le fueron a la yugular al sistema judicial mexicano, afirmando de manera contundente que se trataba de descarada censura. Pero la verdadera razón del veto está en que uno de los testigos del caso pidió el retiro de la cinta, ya que supuestamente nunca autorizó que se proyectara su imagen en la pantalla. En cierta forma, comprendo al tipo, pues la película lo pone como un vulgar mentiroso al que no le importó acusar a alguien de asesinato sin que le constara. En el surrealismo de nuestro país, un individuo de pocos escrúpulos podría hasta recibir “regalías” por las ganancias de la película.

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