Revisando algunos archivos viejos en mi PC, me encontré con un documento de texto que alguna vez guardé para elaborar un “sesudo” comentario al respecto, pero lo dejé en el olvido. Aquí recupero un fragmento para traer un poco de sana controversia al blog.

El archivo incluía una serie de silogismos que intentan demostrar, por medio de la deducción lógica, que Dios no existe. No veo caso en incluir todos los silogismos del documento en esta entrada, pues muchos son irrelevantes o incluso meramente absurdos, pero rescato dos de los más interesantes para analizarlos desde el punto de vista de la lógica y el razonamiento. Quien desee revisar todos los silogismos, puede buscar en Google los términos “demostración inexistencia dios” y seguramente los encontrará.

Si alguien desconoce lo que es un “silogismo“, puede consultar esta entrada de otro de mis blogs (perdón por la barata y descarada autopromoción); si no, resumo aquí lo que es un silogismo: es una proposición compuesta de dos o más premisas (hechos que se dan por verdaderos) y que, a partir de esas premisas, utilizando deducciones lógicas, se llega a una conclusión. Si las premisas son verdaderas y el proceso de deducción es correcto, la conclusión entonces debe ser verdadera. Los silogismos en cuestión intentan demostrar la inexistencia de Dios a través de la reducción al absurdo: llegar a una conclusión que es a todas luces falsa o que contradice a las premisas.

Aclaro que mi intención no es convencer a nadie sobre su creencia o no creencia en nada. Cada quien es libre de creer en lo que quiera. Mi intención es plantear un ejercicio de lógica y pensamiento analítico, y ver qué tan válidos son los argumentos de estos silogismos. Si algún ateo fundamentalista quiere venir a decir que todos los creyentes somos unos idiotas, o si algún fanático religioso me quiere insultar y decirme que me voy a ir al infierno con todo y chanclas, adelante; nada más no se me vayan a poner nenas si me pitorreo de sus comentarios: el que se lleva se aguanta.

Dios perfecto, creador del universo

Este silogismo dice lo siguiente:

  1. Dios es perfecto
  2. Dios creó el universo
  3. Si un ser es perfecto, sus creaciones deben ser también perfectas
  4. Si Dios creó al universo y Dios es perfecto, entonces el universo debe ser perfecto
  5. Pero el universo es imperfecto
  6. Si Dios es perfecto, entonces no pudo crear un universo imperfecto
  7. Si Dios creó un universo imperfecto, entonces Él no puede ser perfecto
  8. Luego, Dios no existe.

Las primeras dos sentencias son las premisas de este silogismo: entendemos que Dios es perfecto y que también es creador del universo, dos características que normalmente se le atribuyen a Dios. Si Dios no cumple alguna de las características mencionadas, entonces no es Dios o, por lo menos, no el Dios que conocemos los cristianos.

El silogismo, aunque a primera vista parece impecable (irrefutable dirían los ateos fundamentalistas), en realidad tiene huecos interesantes. Empezamos con la sentencia 3: “Si un ser es perfecto, sus creaciones deben ser también perfectas”. Recordemos que un silogismo se compone de premisas y de conclusiones obtenidas a partir de esas premisas; la sentencia 3 debería ser una deducción obtenida de las premisas 1 y 2, pero al analizar tales premisas vemos que no hay forma de obtener la sentencia 3 a partir de los enunciados 1 y 2. Esto nos hace ver que la sentencia 3 no es una deducción, sino una nueva premisa. Quien propone el silogismo, entonces, se ve obligado a convencer a la audiencia sobre la veracidad de la nueva premisa. Para ahorrar letras, aceptemos la premisa 3; después de todo, el enunciado parece lógico y tiene sentido, aunque puede ser cuestionado.

Sigamos. La proposición 4 es una deducción a partir de las premisas 1, 2 y 3. Revisando la proposición, no se detecta ningún error lógico en la deducción, por lo que podemos decir que la conclusión del enunciado 4 es correcta.

En el enunciado 5 nos encontramos otro detalle interesante. Definitivamente no se trata de una conclusión, ya que la conclusión se obtuvo en el punto 4 y tal conclusión nos dice que el universo es perfecto. El punto 5, sin embargo, afirma categóricamente que el universo no es perfecto; se trata entonces no de una conclusión, sino de una nueva premisa. Además, esta premisa contradice directamente a la conclusión del punto 4. De nuevo, primero tendríamos que aceptar a la premisa 5 como tal, es decir, como una afirmación verdadera.

Continuemos. La sentencia 6 es una conclusión de las premisas 1 y 3, mientras que el enunciado 7 es una conclusión de las premisas 2, 3 y 5. Ambas conclusiones son válidas, pero resultan innecesarias, pues la contradicción la tenemos en la conclusión 4, obtenida de las premisas 1, 2 y 3, pero que contradice a la premisa 5. Los enunciados 6 y 7 simplemente aclaran o profundizan el razonamiento seguido.

El enunciado 8 es la conclusión final. La pregunta es, ¿esta conclusión se sostiene a partir del silogismo?

La respuesta es no. El silogismo, en efecto, llega a una contradicción en sus premisas, en particular en la conclusión 4. Si un silogismo llega a una conclusión falsa o contradictoria, puede deberse a que el proceso deductivo en algún punto es erróneo, o que alguna(s) de las premisas sea(n) falsa(s). No se puede decir que el razonamiento seguido en este silogismo sea erróneo (por lo menos, yo no le encuentro falla lógica); por lo tanto, se puede concluir que una de las premisas debe ser falsa. De hecho, la conclusión 8 parte de esta situación, pero asume que una de las dos premisas iniciales es falsa (o ambas) y, por lo tanto, Dios no existe. La realidad es que el silogismo, al llegar a una contradicción, lo que nos muestra es que una de las premisas es falsa, pero tenemos CUATRO premisas, no dos. En otras palabras, se está concluyendo que:

  • O Dios no es perfecto,
  • o Dios no creó el universo,
  • o las creaciones de un ser perfecto no necesariamente tienen que ser perfectas,
  • o el universo no es imperfecto.

Esto es lo único que se puede obtener como conclusión del silogismo. La conclusión 8, Dios no existe, es una frivolidad, pues no hay nada en el silogismo que implique que la premisa o premisas falsas sean la 1 y la 2, en lugar de la 3 y la 5.

Ahora bien, si lo que queremos es demostrar, a toda costa, que Dios no existe, la tarea se reduce a demostrar que las premisas 3 y 5 son ambas verdaderas. ¿Sencillo? No tanto. En ambas premisas, si queremos aceptarlas como verdaderas, tendremos que hacer forzosamente una pregunta inicial: ¿qué se entiende por “perfecto”? A partir de una definición del término, podremos afirmar o negar si el universo es imperfecto, o si la creación de un ser perfecto tiene que ser también perfecta o no. Al respecto, menciono a continuación una anécdota:

En aquella ocasión en la que encontré estos silogismos, di con un blog en donde el autor retaba a cualquiera a que refutara tales silogismos (perdí la liga, desafortunadamente, y no he podido encontrar de nuevo la página). En este silogismo en particular, una persona aceptó el reto e intentó de refutar el silogismo. La discusión empezó a tornarse bizantina, perdiéndose en conclusiones y conceptos filosóficos que no estaban llegando a nada, hasta que el autor del blog decidió establecer una definición para el término “perfección” y partir de ahí. Obviando el hecho de que se podría acusar al autor de cometer una “falacia de blanco móvil” por definir una regla del juego ya comenzado el debate y no desde el principio, la medida se agradeció por todos los que seguíamos la discusión. El autor entonces decidió tomar como referencia la definición de “perfecto”, según el Diccionario de la Real Academia Española (buena fuente, por cierto, ya que es una referencia neutral y comunmente aceptada):

  1. adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea.
  2. adj. Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto.
  3. adj. Der. De plena eficacia jurídica.

Evidentemente la tercera definición no nos aplica para el silogismo en cuestión, así que tomemos las otras dos. Curiosamente, al establecer una base de donde partir, el autor del mencionado blog también puso las herramientas para refutar al silogismo.

Iniciemos con la premisa 5: “El universo es imperfecto”. Si observamos la definición 2 de “perfecto”, podríamos argumentar que el universo es perfecto en una determinada cualidad: su extensión física (dando por hecho que, al ser el universo material, no existe nada más grande que él en cuanto a tamaño). En otras palabras, el universo es “perfectamente grande”. Con esto, la premisa 5 se derrumba: el universo no es imperfecto, o por lo menos no lo es tomando como referencia las definiciones de la RAE. Si alguien opina que el universo es imperfecto, pues es solamente eso, una opinión que no se sostiene a partir de la definición de “perfecto” que estamos tomando como base. Si alguien busca en otra parte una definición de “perfecto” que lleve a otro resultado, estará entonces cometiendo una falacia “ad-hoc”, que no es otra cosa más que construir una definición a la medida, para que nuestro argumento sea válido.

La premisa 3 es más interesante. No podemos refutarla o calificarla como falsa de forma directa, pero tampoco podemos identificarla como verdadera, ya que la definición de “perfecto” de la RAE menciona las características de un objeto o ser perfecto, pero nada dice sobre las creaciones de ese hipotético ente perfecto. En otras palabras, la conclusión “un ser perfecto solamente puede crear algo perfecto” no se sostiene a partir de la definición del concepto “perfecto”.

Ahora bien, realmente es innecesario demostrar o refutar la premisa 3. Ya vimos que la premisa 5 es falsa, por lo que el silogismo llega a una contradicción. ¿Esto significa que Dios sí existe? No, de ninguna manera. Lo único que significa es que no se puede concluir que no existe, ya que no podemos asegurar que, además de la premisa 5, alguna de las premisas 1 y 2 sea también falsa.

Concluyendo, el silogismo falla no porque tenga algún error argumental o de lógica, sino porque posee 4 premisas y pueden ser falsas cualesquiera de ellas. La conclusión 8 no se sostiene, porque asume que las premisas 3 y 5 son verdaderas sin ninguna evidencia de soporte, e indirectamente afirma que alguna de las premisas 1 y 2 es falsa. Debo agregar además que el silogismo original estaba redactado de tal forma que las premisas 3 y 5 se mostraban como deducciones sin serlo (no se pueden deducir a partir de las premisas 1 y 2), por lo que se podría hasta acusar de una redacción engañosa, convirtiendo al silogismo en un sofisma.

Un ejercicio de reflexión interesante, a pesar de que el silogismo, a simple vista, parece muy simple. En la segunda parte de esta entrada hablaré de un silogismo mucho más fuerte y complicado: el “problema del mal” de Epicuro.

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