Actualización: en los medios ya trascendió la razón por la que corrieron no solamente a Tita, sino también al vicepresidente Francisco Gabriel de Anda y a Marquinho (a este último sin deberla ni tenerla). Todo fue porque “Tita” y “Paco Gabriel” se andaban partiendo el hocico en las mismísimas oficinas del club, y pues eso ya no lo permitió la directiva verde. Ni modo.

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El sábado pasado le celebramos su quinto cumpleaños a mi hijo. Lo llevamos a jugar con su primo, a una obra de teatro y, por la noche, a su primer partido de futbol. En estos días, mi hijo es un fiel aficionado al futbol como deporte; se la pasa jugando con un balón en los pies por toda la casa; no le va a ningún equipo pero no se quiere perder ningún partido de futbol en la tele, así sea uno de la “Concachampions” entre los “Tamaleros” de la Universidad Guajolotera Central de Haití contra los “Choyasprietas” del sindicato de recolectores de babas de El Salvador. Por eso pensamos que llevarlo al partido sería un buen regalo de cumpleaños para terminar el día.

El estadio se presentaba orgullosamente sin sus rejas emblemáticas entre las tribunas y la cancha. La directiva dice que lo hace por seguridad, y por confiar en la civilidad de la afición. Yo más bien pienso que lo hicieron para ahorrarse la reparación y reconstrucción de las rejas cada año, después de que los hinchas enfurecidos las rompen cuando los verdes pierden alguna final y se quedan, un año más, en la segunda división (no importa qué nombre le pongan cada año, para mí sigue siendo la segunda división).

Desafortunadamente, el partido fue horrible. Los míticos leones negros de la U. de G. no fueron ni la sombra de aquel equipo tradicional de uniforme a rayas rojas, negras y amarillas. Los visitantes hicieron todo lo posible para perder el partido: primero, un defensa se hace expulsar al primer minuto de juego de manera estúpida, cometiéndole falta a un delantero leonés que se colocó en posición franca de gol; luego, el árbitro se vio complaciente con los verdes y les marcó un penal a favor; ya en la segunda parte, otro defensivo visitante consigue la segunda tarjeta amarilla por hacer tiempo (así es, se hace expulsar haciendo tiempo a pesar de ir perdiendo…) dejando a su equipo con 9. A pesar de todo eso, los changas fueron incapaces de siquiera hacer una jugada de peligro en todo el partido. Para colmo, unos minutos antes de finalizar, los leones negros, con todo y 9 jugadores, aprovecharon un tiro libre y metieron un golazo que les dio el empate a 1 gol.

Yo hubiera preferido, por supuesto, que el primer partido de futbol de mi hijo lo ganaran los verdes o, por lo menos, que hubiera sido un buen juego, con más emociones. De cualquier forma, estoy seguro de que mi hijo disfrutó la experiencia; al final, ambos coincidimos que lo mejor del partido fue la Corona: él sonrió mucho con las botargas (les decía “botellotas con pies”) y yo sonreí mucho con las edecanes.

Por otra parte, en las tribunas los enfurecidos aficionados pedían la renuncia de “Tita” como director técnico. En donde yo estaba sentado se hizo una breve polémica entre los que querían quitar a “Tita” y los que no. Los primeros alegaban que el equipo juega feo, sin verticalidad y sin creatividad al frente; los segundos argumentaban con la condición invicta en casa, los triunfos de visitante y los puntos obtenidos por “Tita”. Ambos tienen razón: el equipo juega espantoso y es preocupante que no tenga capacidad de resolver un partido ante un rival prácticamente a modo; pero también es cierto que el equipo está a dos puntos del liderato y, de haber ganado el partido (“haiga sido como haiga sido”, Calderón dixit) serían los líderes del torneo.

Hoy, sin embargo, me encuentro con la noticia de que los directivos cesaron a Milton Queiroz “Tita” como director técnico de los changas.

En una entrada anterior ya había expresado yo mi temor de que el gran ídolo “Tita” se viera perjudicado por su desempeño como director técnico. Le atiné (ojalá hubiera pedido mejor sacarme la lotería). Lo que me da entre enojo y tristeza es que, en mi opinión, el cese es completamente precipitado. Los números de “Tita” no justifican el despido: superlíder en la temporada anterior, a dos puntos del liderato en esta… ¿Qué esperan entonces los directivos de un entrenador? ¿Que el equipo golee en todos los partidos? O más bien, ¿les conviene económicamente que el equipo se mantenga en la división de ascenso? Solamente así se explica el cese de Pintado (que iba muy bien) y el de “Tita”.

Cierto, el equipo jugaba feo. Cierto, fue muy frustrante ver el sábado que al equipo se le iba de las manos una victoria relativamente fácil. Aún así, los números hablan y dan cuenta de resultados bastante buenos durante la dirección técnica de “Tita”.

Es algo muy triste. Directivos van y vienen, pero no se percibe que apliquen muchas neuronas al momento de decidir. Mejor me voy haciendo a la idea de otros 10 años en la segunda división, y le hago igual que mi hijo: ir al partido únicamente a ver botargas y edecanes, o quedarme en mi casa viendo un partido de la tercera división francesa (que, por cierto, es más fácil encontrar un partido de esos en la televisión, que uno de la dichosa “división de ascenso” mexicana).

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