Archive for octubre, 2011


NarcotraPRIcantes

En estos últimos días los líderes priístas están indignados y ofendidísimos por las declaraciones del Presidente Felipe Calderón en la entrevista que le hizo el New York Times. Hasta piensan interponer una denuncia contra el mandatario.

Es cierto que el Presidente comentó eso a pregunta expresa del periodista, pero todos entendimos lo que quiso decir: que en los tiempos del priato, algunos gobernantes hicieron pactos poco ortodoxos con las bandas del crímen organizado.

Bueno, al Presidente lo podemos acusar de muchas cosas con estas declaraciones: de oportunista, electorero, peleonero, broncudo, grillero, hipócrita y hasta mala leche. De lo que no lo podemos acusar es de mentiroso.

Porque, en efecto, durante la “dictadura perfecta” (que diría Vargas Llosa), varios gobernantes priístas no sólo llegaron a pactar con el crimen organizado, sino que hasta simple y llanamente formaban parte de sus filas. ¿O ya no nos acordamos del ex-gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva? Sólo por citar a uno.

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Siciliadas

Me entero en las noticias de un incidente que ocurrió poco antes de la reunión entre Javier Sicilia y el Presidente, en el Castillo de Chapultepec. Resulta que, al llegar al lugar, la seguridad presidencial intentó hacer una revisión de rutina al Sr. Sicilia y a sus acompañantes. Esto fue suficiente para que don Javier se sintiera ofendido y amenazó con abandonar el lugar y dejar plantado al Presidente.

“Nos están haciendo una revisión protocolaria. Nosotros no aceptamos esa revisión porque hemos demostrado que somos un movimiento ético y digno. Yo represento a este movimiento y si tratan como sospechosos a la gente de mi movimiento, me están tratando como sospechoso a mí”, dijo.

Señor Sicilia, lamento muchísimo la muerte de su hijo y comparto muchas de las ideas de su movimiento; pero, con todo respeto, NO MAME. Usted está visitando al Presidente de la República, no a su compadre Chencho ni a su jefecito Andrés Manuel; usted, como cualquier ciudadano (porque usted es un ciudadano cualquiera, como yo) debe acatar y respetar las leyes y los protocolos. ¿Por qué tendrían que darle un trato preferencial? ¿Por su linda cara? Valiente ejemplo da con esas actitudes, demostrando que, para usted, es válido que algunas personas se brinquen las reglas sólo porque son “privilegiados” o “famosos” o, como usted dice, “éticos y dignos”.

Dijo usted también: “si el Señor Presidente llega a mi casa no lo voy a detener en la puerta porque sospecho de él, o el secretario José Francisco Blake Mora o el secretario Roberto Gil. Estamos pidiendo un trato de deferencia ciudadana”. Creo, señor Sicilia, que urgentemente necesita ubicarse. Usted es un poeta y escritor muy mediocre, que se hizo famoso por su triste tragedia personal. Ese hecho le da gran legitimidad a su movimiento, pero sus actitudes y su búsqueda de protagonismo, poco a poco, le están restando esa legitimidad a sus acciones. Usted es el primero que debería demostrar, con el ejemplo, que todos los ciudadanos debemos respetar las leyes y las reglas.

Le platico una historia, don Javier. Hace unos años, un gran grupo de personas comenzó a pensar que, al igual que usted, no era necesario hacer fila o cumplir con un trámite: bastaba con tener una amistad, una influencia, una palanca o una “mordidita” para conseguir lo que querían. Posteriormente, algunas de esas personas comenzaron a creer que tampoco deberían respetar un semáforo en alto, un letrero de “no estacionarse” o una obligación fiscal. No pasó mucho tiempo para que un grupo más reducido de esas personas decidieran dejar de pagar impuestos y, después, empezar a hacer negocios cuestionables o poco éticos. Algunos de ellos dieron el siguiente paso y comenzaron a dedicarse a actividades fuera de la ley: contrabando, robo, secuestro y narcotráfico. Ya en ese punto, unos cuantos se dieron cuenta que podían armarse con rifles y metralletas para matar primero a quienes les competían en el negocio, luego a las autoridades que trataban de imponer la ley y finalmente a cualquiera que los viera feo o de pronto les cayeran mal no más porque sí.

Y un trágico día, uno de esos tipos mató a su hijo, Don Javier.

Porque todo delincuente comienza su camino cuando deja de respetar pequeñas leyes y reglas, aunque parezcan absurdas o irrelevantes como, por ejemplo, la revisión de seguridad por la que debemos de pasar cuando nos vamos a reunir con el Presidente de la República.

Steve Jobs

Steve Jobs en el evento MacWorld 2005 (fuente: http://www.flickr.com/photos/mylerdude/3563553/ {cc-by-2.0})

Ayer me dio mucha tristeza enterarme de la muerte de Steve Jobs. Más aún como profesional de informática.

Steve Jobs nunca fue santo de mi religión (por cierto, Bill Gates tampoco). No me gustaba su filosofía de sistemas cerrados y elitistas, y siempre he considerado que los productos Apple son mucho más caros de lo que deberían ser. Sobre todo, me desagradaba la actitud de vendehumos de Jobs, aprovechándose de su fiel mas no siempre inteligente horda de seguidores incondicionales, para venderles cualquier cosa a precio exhorbitante.

Sin embargo, Jobs fue un visionario y un líder carismático que tenía el poder y la influencia suficiente para llevar a la tecnología al rumbo que él quisiera. Todos bailaban a su ritmo.

Un ejemplo de esto es el iPhone. El celular de Apple no era realmente tan innovador: las funciones de smartphone, navegación y música ya las incluían muchos teléfonos con anterioridad. Incluso la pantalla táctil tenía rato de existir en los teléfonos Treo de Palm. Además, como celular no era tan bueno: su recepción de señal era débil y carecía de varias funciones disponibles en otros teléfonos. Sin embargo, bastó con una muy buena pantalla, una excelente interfaz y un diseño apantallador para que el resto de la industria se moviera en esa dirección. Pronto comenzaron a aparecer los teléfonos de pantalla táctil de otras marcas, muchas de ellas superando con creces al iPhone y a un precio menor, a tal grado que al día de hoy cualquier teléfono que no tenga pantalla táctil luce primitivo y obsoleto. Si el iPhone sigue dominando un segmento del mercado, se debe a que su diseño sigue siendo vanguardista, al estatus “chic” que el aparato le otorga al que lo usa y a la indecisión de Nokia de reemplazar al Symbian con el Android.

Steve Jobs

Image by DonkeyHotey via Flickr

Para mí, los productos realmente innovadores de Apple han sido dos: la mítica Apple MacIntosh y el conocido iPod. La primera Mac, una pequeña computadora con pantalla blanco y negro de aspecto muy “amistoso”, integró innovaciones que en ese momento eran revolucionarias: una interfaz gráfica integrada desde el sistema operativo, la aplicación masiva del uso del ratón (un lujo en las PCs de la época) y el uso del en ese entonces novedoso diskette de 3.5 pulgadas; el aparato promovió la creación de las interfaces gráficas en las PCs y “obligó” a Microsoft a desarrollar su sistema Windows para conservar mercado. Lo demás es historia. Y por parte del iPod no hay mucho que decir: todos conocemos la manera en que el pequeño aparatito generó todo un cambio en la forma en que escuchamos, compramos y compartimos música.

Esto es lo más valioso que encuentro en la filosofía de Steve Jobs: el hombre lograba sacudir a la industria en los aspectos donde consideraba que los principales jugadores no estaban haciendo su chamba y, como resultado, se lograba una revolución en las áreas tecnológicas en las que Jobs metía las narices. Ese es su legado.

Admiro también la forma en que Jobs siempre trató de que sus productos tuvieran la mayor calidad posible, abarcando en este sentido desde sus computadoras Mac, sus teléfonos, sus iPods y sus películas de Pixar. La calidad y facilidad de uso de los productos electrónicos de Apple no se discuten; bien haría Microsoft en emular no sólo el aspecto visual de la interfaz de la Mac, sino también la calidad de su plataforma.

Hemos perdido a un visionario. Una persona que cumplió el ideal de trabajar para que el mundo hoy sea mejor. Descanse en paz Steve Jobs.

6 Toros 6

La política mexicana no me deja de sorprender nunca. Estamos ya en el quinto año de gobierno y, como no hay quinto malo, se comienzan a ver las acciones de los políticos que quieren llevarse orejas y rabo.

En esta ocasión, el cornilargo dipuporro del PRI Cristian Vargas se lanzó al ruedo y se encaminó, desde la sede de su partido en Insurgentes hasta el Coso de Insurgentes, para apoyar la propuesta de que en el DF se prohiban las corridas de toros en la Plaza México y darle la puntilla a la fiesta brava en nuestro país. Sorprende el repentino amor por los animales del dipuhooligan (tal vez se siente identificado), porque en la Cámara se comporta como burel banderillado, constantemente partiendo plaza (y muebles) con su civilizado talante.

Pero el dipuporro no va solo. Lo acompaña por el paseíllo el diputado Norberto Ascencio Solís del Partido Verde. Sí, el mismo partido que hace un par de años mostraba buenos arranques por derecha con sus propuestas para establecer la pena de muerte a ciertos delincuentes. Por lo que se ve, el PVEM también va bien por izquierda, y pretende salir en hombros de los “progres” izquierdosos del DF que ayer marchaban para pedir la despenalización del aborto y hoy lo hacen por la prohibición de las corridas de toros, con lo que demuestran que, para ellos, vale más la vida de un toro que la de un ser humano en gestación. Pero la congruencia no importa; lo que el Partido Verde quiere es recuperarse un poco, ya que ha perdido mucho cartel en las últimas temporadas. Es evidente que con esos desplantes pretenden arrancar el aplauso fácil de los villamelones.

Ahora la propuesta se revisará en la Comisión de Administración Pública del DF. Vale la pena ver desde la barrera este encierro con la Comisión, para ver si deciden tomar al toro por los cuernos y prohibir esta arraigada tradición, o si solamente la capotean con un pase en redondo y la regresan tal cual a los toriles, aplicando un indulto a la tauromaquia.

Claro que el que no se iba a quedar en los callejones es el ínclito empresario de la monumental Plaza México, don Rafael Herrerías. El mafioso empresario salió con brío desde el burladero para entrarle al quite cual monosabio (más mono que sabio) y, con sus características florituras y chicuelinas verbales, ha dicho que tendrán que pasar sobre su cadáver para cancelar la fiesta brava. Mal hace el empresario, pues puede aparecer algún espontáneo de entre las filas de los más fanáticos ecoterroristas para aplicarle una estocada bien colocada, de esas que tocan pelo y obligan al burel a buscar de inmediato las tablas. Es obvio que el empresario va a salir a defender su modo de vida, pero por sus floridas expresiones e insultos puede ocurrir que su montera caiga con los picos hacia arriba.

Por mi parte, la fiesta brava me genera sentimientos encontrados. Todo el ritual que rodea a la tauromaquia me resulta intrigante y el ambiente de la plaza me gusta, aunque también reconozco que es una salvajada de espectáculo. Probablemente quedaré satisfecho con lo que ocurra sin importar la decisión de la ALDF, pero si deciden cancelar la fiesta brava, extrañaré mucho las corridas de los domingos por la tarde en la televisión, y tendremos que despedir a esta tradicional celebración como merece, entre palmas y con arrastre lento.

Lo que sí me parece oportunismo es la tajada política que buscan los legisladores. Si los defensores de los animales quieren eliminar las corridas de toros en México, basta con que dejen al Sr. Herrerías que siga con sus manejos de la Plaza México y la fiesta brava eventualmente no servirá ni para el arrastre. Los legisladores proponen reformas para que dejen de morir toros, pero no promueven las reformas a los esquemas de seguridad para que dejen de morir personas. ¡Olé!

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