Por un lado, tenemos a un orate que propone una “República amorosa” (lo que sea que eso signifique). Por otro, tenemos a un candidato ignorante (pero guapo, eso sí) que trae detrás a todo un grupo de siniestras figuras de la política de ayer. Y en la otra esquina del triángulo, estamos decidiendo entre un senador que no hizo nada como Secretario de Gobernación (excepto dar permisos de casinos a lo bestia), una mujer que dice que debe ser candidata solamente por ser mujer, y un tipo sin carisma que ni siquiera puede tener la concentración en un debate como para acordarse de cómo se llama su jefe.

Qué tristeza. Cinco candidatos, y ninguno vale la pena. Pero, ¿de qué nos sorprendemos? No son más que el reflejo del bajísimo nivel que tienen nuestros políticos en estos momentos.

Anuncios