¡Juguemos un juego!

  • Las reglas definen al juego. Ergo, todo juego tiene sus reglas.
  • Hay dos tipos de reglas: explícitas e implícitas.
  • Las reglas explícitas son aquellas que están clara y textualmente definidas. Cualquiera las puede consultar.
  • Las reglas implícitas son las que no están especificadas o expresadas textualmente, pero que se pueden inferir a partir de las reglas explícitas. Por ejemplo, jugadas o conjuntos de jugadas que pueden hacerse porque ninguna regla explícita lo prohíbe.
  • Si quieres jugar el juego, debes conocer las reglas explícitas.
  • Si quieres ganar el juego, debes conocer las reglas implícitas.
  • Si haces trampa, podrás ganar durante un tiempo, pero eventualmente te descubrirán.
  • Si un jugador te gana porque supo interpretar y usar las reglas implícitas mejor que tú, no lo puedes acusar de hacer trampa.
  • Si no puedes comprender las reglas implícitas, el que está mal eres tú y no el juego.
  • Si no puedes comprender las reglas explícitas… ni cómo ayudarte.

¿A qué viene esto? A que en twitter he notado que muchas personas cuestionan o critican el esquema de trabajo actual de nuestro país. Ignorando los comentarios de los #chairos (que normalmente escupen quejas sin tener mucha idea de lo que están hablando), me encuentro opiniones de personas pensantes que se quejan amargamente de la situación empresarial. Supongo que es la catarsis natural de alguien a quien le negaron una plaza laboral o que perdió su empleo, pero me llama la atención el discurso fácil, simplón, de acusar al “malvado empresario” de explotar a los trabajadores y de “sólo pensar en el dinero”.

Pues bien, sin dejar de reconocer que existen empresarios y empresas que, en efecto, explotan a sus empleados bajo engañosos conceptos como “ser productivo”, “hacer más con menos”, “ser competitivo”, “ser de clase mundial”, etc., debo decirles a estos chavos lo siguiente: bienvenidos a la realidad.

¿Que el empresario solamente se preocupa por el dinero? Pues sí, así es. Las empresas existen para generar ingresos, para hacer crecer el negocio. Tal vez he tenido suerte, pero los empresarios que he conocido se preocupan también por el bienestar y el desarrollo de sus empleados (sin descuidar, por supuesto, el negocio).

Por eso puse mi elucubración al inicio de esta entrada: hay que conocer las reglas del juego laboral y empresarial.

  • ¿Quieres que tu empleador te pague más porque sabes náhuatl, ruso y swahili? Malas noticias: si esos idiomas no los necesita tu empleador, entonces no tiene por qué pagar más por ello.
  • “Es que sólo buscan a la gente que les pueda generar más ingresos”; pues sí. Si tú no generas más dinero del que cobras, eventualmente el negocio deja de serlo. ¿O de dónde crees que saca dinero la empresa para pagar los sueldos? ¿De los árboles? ¿De una cartera mágica que tienen los “ricos y poderosos empresarios” que nunca deja de generar dinero de la nada?
  • “No quieren pagar lo que vale mi conocimiento y mis estudios”. De nuevo, si tu postgrado en arqueología de Mozambique no se requiere en el negocio de quien te contrata, no te va a pagar más. ¿Hiciste una especialidad o postgrado pensando en tu desarrollo profesional? Excelente, seguramente tendrás oportunidades mejores y salario más alto. ¿Estudiaste algo por gusto, sin pensar en un objetivo de desarrollo profesional? Magnífico, felicidades; no cualquiera se puede dar el lujo de estudiar algo por el simple gusto de desarrollar un aspecto personal; pero no esperes que profesionalmente te lo remuneren.

¿El ambiente laboral del país es complicado? Sí, lo es. ¿Tiene cosas qué mejorar? Sí, muchísimas. ¿Es injusto? No lo creo; es más, pienso que es un sistema sumamente justo; tanto, que a veces es cruel. Pero así es el juego, esas son las reglas. Y, seguramente, las reglas no cambiarán sólo porque a tí (o a más personas) no les gusten. ¿Quieres jugar?, conoce las reglas. ¿Quieres ganar?, comprende y usa las reglas en tu beneficio. ¿No le entiendes al juego?, pues entonces, vas a perder seguido. Y no va a ser culpa del juego.

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