Category: Chistes


Chascarrillo de viernes

En la entrada anterior mencioné que los mexicanos tenemos muy pocos triunfos para orgullecernos. Pero en donde los mexicanos siempre ganan, es en los chistes.
 
Ayer iba en el camión (así es, uso el camión, a pesar de ser un burguesito panista ultraderechista) y vi a una muchachita con una minifalda muy favorecedora. El segundo pensamiento que cruzó mi mente me hizo recordar un chiste que a continuación redacto. Feliz viernes.
 

En un tren viajaba una viejita. A su lado, iba sentada una joven y bien proporcionada damisela, utilizando una minifalda que mostraba todo aquello que las minifaldas muestran. Frente a la joven viajaba un argentino y, a su lado, frente a la viejita, un mexicano.

El tren entra en un túnel. Todo queda oscuro, y de pronto se escucha un tremendo cachetadón, de esos que hasta duele nomás de escucharlo. ¡SLAAAAAAP!

El tren sale del túnel. Se vuelve a iluminar el vagón. El argentino se frota la cara, con gesto adolorido. Nadie dice nada, pero todos tienen sus pensamientos:

La viejita: "Este argentino mañoso. De seguro le acarició las piernas a esta muchacha, y ella le dio una cachetada. ¡Se lo merece!"

La muchacha: "¡Pobre argentino! Seguramente intentó tocarme las piernas, y el muy tontito tocó a la viejita, que le soltó su cachetada."

El argentino: "Maldito mexicano prieto. De seguro le tocó las piernas a esta muchacha, y ella pensó que fui yo y me propinó la cachetada. ¡Me duele!"

El mexicano: "¡Ja, ja, ja, ja! En cuanto entremos a otro tunel, ¡le vuelvo a rajar otra cachetada a este mugroso argentino!"

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Chascarrillos de consultores

 
Vaya. Casi dos meses sin actualizar el blog. Mis millones de lectores saturan mi correo electrónico, exigiendo que agregue más contenido y amenazando con suicidarse (ya se han matado dos).
 
No me he dado el tiempo para poner más comentarios. Desafortunadamente se me fueron oportunidades de oro para platicar sobre la legalización del aborto, la liberación de "Napito", el fracaso de los verdes en el intento por ascender, la decepción que ha resultado la Selección Mexicana y otras tantas cosas más de las que valdría la pena comentar.
 
Por lo pronto y para quitarle el óxido al blog, agregué unas fotos más del heredero, y también incluyo unos chistes que me contaron sobre consultores. Aclaro que, cuando me los platicaron, el consultor era yo (¿qué me habrán querido decir?)

Una agitada y maltrecha dama, entrada ya en sus cuarentas pero de voluptuosas carnes, entra a la delegación del Ministerio Público, con el vestido maltratado, el maquillaje corrido y despeinada.
– ¡Quiero denunciar una violación! ¡Fui violada por un consultor!
– Bien, "señorita" – responde, por decirle de alguna forma, el oficial que la recibió. – Por favor díganos el nombre de tan perverso gañán, y procederemos a mostrarle el duro e incorruptible brazo de la ley mexicana.
– No sé cómo se llama el tipejo. Solamente sé que es un consultor.
– Bueno, entonces díganos como era el presunto implicado en el ilícito. ¿Alto o bajo? ¿Gordo, delgado? ¿Rubio? ¿Cómo era?
– No pude verlo bien. Estaba en un callejón oscuro. De lo que estoy segura es que era un consultor.
– Bueno, ¿y algún olor que recuerde? ¿Alguna marca de loción que identifiqué? ¿Por lo menos nos podría decir el tamaño del cuerpo del delito? Eso sí debe saberlo…
– No sé, yo lo sentí de tamaño normal… es decir, nunca he sentido uno, pero creo que era de tamaño normal. Lo que sí sé es que era consultor.
– ¡Bueno, con un demonio! ¿Si ni siquiera lo recuerda físicamente, cómo puede estar tan segura de que era un consultor?
– Ah, fácil – contesta la denunciante. – Él no hizo nada, ¡yo tuve que hacerlo todo!
 
—————-
 
Un viejo pastor se encontraba (cosa extraña) pastoreando a su rebaño de ovejas. Lo acompañaba "Solovino", su fiel perro Pastor (claro) Alemán. En eso estaba tranquilamente, cuando de pronto sale de la nada un precioso BMW deportivo, que se acerca al sorprendido pastor, frenando con un ruidoso rechinido a unos cuantos metros. Del auto, sale un joven empresario, elegantemente vestido con ropa de marca, y con unos costosos lentes oscuros. Acomodándose el cabello, se acerca con paso firme y con actitud soberbia al pastor, que lo miraba como si fuera un bicho raro.
– Si le digo cuántas ovejas hay en su rebaño, me llevaré una – le dice el joven al pastor, sin saludar y sin quitarse los lentes. – ¿De acuerdo?
El pastor, sorprendido, acepta el desafío.
Rápidamente, el joven ejecutivo regresa a su automóvil y saca una fina maleta de piel, de donde extrae una laptop nuevecita, con lo último de lo último. La abre, da unos cuantos teclazos, y después regresa con el pastor, con aire triunfante.
– Usted tiene 136 ovejas en su rebaño. ¿Es correcto? O sea, ¿verdad que si?
– Sí, señor. Es correcto – contesta el pastor, completamente asombrado.
– Entonces me llevaré una de sus ovejas, como quedamos.
– De acuerdo – contesta el pastor. – Solamente dígame como le hizo para saber el número, y se la puede llevar.
– Claro, o sea, está mil de fácil – contesta el joven, sin quitarse los lentes de sol. – Me conecté por internet a un servicio de rastreo por satélite, digo, si sabe lo que es un satélite, ¿no? O sea, ¡hellooooo!. Obtuve una fotografía digital de la zona; luego utilicé un software de análisis dimensional para no tener que contar las ovejas. ¿Me entiendes? O sea, mil de flojera contarlas yo, o sea, equis wey, ni al caso. Y listo. ¿Captas? ¿O te lo mando por mail?
El pastor se queda un rato, pensativo, mientras el joven batallaba para acomodar uno de los animales en el asiento trasero de su BMW. En eso, el rostro del pastor se ilumina y sonríe levemente. Se acerca al joven, justo en el momento en que terminaba de acomodar al animal en su auto.
– Oiga, joven. Le propongo algo. Si yo adivino a qué se dedica usted, ¿me devuelve mi animal?
El galán piensa para sí mismo: "O sea, este autóctono que se piensa, que puede atinarle a mi trabajo, si ni leer ha de saber el ruco, ¡nada que ver! O sea, ¡qué loser!"
– Ok – contesta el ejecutivo. – O sea, que sueños guajiros de querer adivinar, estás pero si como operado del cerebro. Pero bueno, para que no digan que abuso de los aborígenes. Acepto.
– Muy bien – contesta el pastor. – Tú eres un Consultor.
El joven se queda atónito. Se quita los lentes finalmente para verlo con sus propios ojos. No cabía en su asombro.
– O sea, ¡que loco! No lo puedo creer. O sea, un analfabeta como tú, ¿cómo supiste?
– Pues, ya ve. ¿Me devuelve mi animal?
– Tratos son tratos. Pero, o sea, explícame cómo le hiciste y te lo devuelvo.
– Sí, como no – responde el pastor. – Muy fácil. Mira, llegaste de quién sabe dónde, sin que nadie te llamara. Llegaste y ni me saludaste, ni te presentaste, ni nada. Después, me dijiste algo que yo ya sabía, y además me intentaste cobrar por eso. Y para confirmar todo, se ve que no sabes nada de mi negocio, porque en lugar de una oveja ¡te estabas llevando a mi perro "Solovino"!

Empieza el año

 
Entre la chamba y el bebé, no he tenido tiempo de actualizar el blog. Vamos a comenzar el año con un chistecillo de gallegos (la verdad no tengo cabeza para andar buscando chistes originales). Va.
 

Iba Venancio caminando por su pueblo. Había regresado después de mucho tiempo de ausentarse. Se encuentra con un amigo en la calle.
 
– ¡Venancio! ¡Qué gusto verte, hace mucho tiempo que no te veía!
– Pues qué curioso, yo también tengo mucho tiempo sin verte a tí.
– Oye, ¿y qué te trae por estas tierras? ¡Te veo muy contento!
– ¡Pues que me caso, hombre! ¡Rediez!
– ¡Caray, felicidades, Venancio! ¿Y con quién te vas a casar?
– Pues con la Manola… ¿la conoces?
– ¡Cómo, Venancio! ¿Con esa zorra? ¡No te cases con ella!
 
Muy molesto, Venancio defiende a su futura esposa, soltando un sinnúmero de improperios a su amigo, y se retira enfadado del lugar. Un poco más adelante, se encuentra con otro conocido.
 
– ¡Venancio! ¡Qué milagro, hombre, años sin verte!
– Es que hace mucho que no venía por aquí.
– ¿Y qué haces, majo? ¿Ya te casaste, tienes hijos? ¡Cuenta, Venancio!
– Pues a eso vengo, jolines… ¡me vengo a casar!
– Felicidades, Venancio. ¿Y quién es la agraciada?
– No sé, a esa no la conozco.
– No, Venancio. Te pregunto que con quién te vas a casar, quién es tu novia…
– Ah, pues me caso con la Manola…
– ¡Cómo! ¿Con esa zorra? ¡No, Venancio, no hagas eso!
– ¡Que me hago en la leche! ¿Por qué insultas a mi futura esposa?
 
De nuevo Venancio defiende a su prometida con una buena sarta de vituperaciones, y se va furioso de ahí. En su camino, sigue encontrándose con conocidos, y todos reaccionan igual cuando les menciona a la Manola. Después de un rato, se sienta en una banca del parque, consternado y pensativo. En eso, se acerca con él un viejo amigo.
 
– ¡Venancio! ¡Qué gusto! ¿Cómo estás, rediez, pues qué te has hecho en este tiempo?
– Hola, hola… pues bien, creo que estoy bien.
– Pero ¿qué te pasa, Venancio? Te veo preocupado, ¿qué te mortifica?
– Pues nada, hombre, que vengo a casarme.
– ¡Hombre, Venancio! ¡Muchas felicidades! Pero deberías estar muy contento, ¿por qué la cara larga?
– Lo que pasa es que… estoy pensativo, dudoso… resulta que… creo que me voy a casar con una zorra…
– ¡No me digas! ¿A poco te casas con la Manola?

Chascarrillo norteño

 
Para terminar la semana, les dejo un chistecillo referente a nuestros ahorrativos compatriotas de la Sultana del Norte… ¡’i ‘ñor!
 

Llega un norteño a la redacción del periódico "El Norte", de esos de sombrero, botas y bigote aguamielero. Se dirige con el encargado.
 
– ¡Qué pasó, huerco! Ando solicitando información, ¿cómo ve?
– Sí señor, dígame, en qué le puedo servir.
– Pues fíjese que no está usté’ para saberlo ni yo para contarlo, pero quiero averiguar cuánto cuesta poner una esquela aquí en su periódico.
– Bien señor. La esquela cuesta por palabra, dependiendo del tamaño del anuncio.
– A ver, pues ¿cuánto cuesta la más barata?
– La más económica es una esquela de 3 por 5 centímetros. Cuesta 10 pesos la palabra.
– ¡Cómo que 10 pesos! ¡Ah, chirrión! ¿Por qué tan caro, bato? ¿Qué con eso resucita el muerto, o qué?
– Bueno, señor, eso cuesta…
– ¡No, pues si deveras que son unos puercos, se aprovechan del dolor de la gente!… ¿Es lo menos?
– Sí señor, ese es el precio. Disculpe.
– ¡Qué barbaridad compa! Ya ni siquiera puede uno morirse gratis en estos tiempos. ¡Qué cosas tan terribles, pelao! Pero bueno, pues qué se le va a hacer. Deme una.
– Bien señor. ¿Cuántas palabras van a ser?
– Póngale dos palabras.
– ¿Dos? ¿Nada más dos?
– ¡Pues qué esperaba, méndigo rata! Se me hace que han de ser chilangos todos ustedes, igual de tranzas. ¡Nomás dos, pos ‘ora, pelao tan confianzudo!
– OK, señor, no se enoje. A ver, dícteme sus dos palabras.
– Mire, póngale: "Murió Marta".
– Muy bien…. "Murió… Marta". Listo. Oiga, perdón por la pregunta, ¿quién es Marta?
– ¿Cómo que quién va a ser, bato desgraciado? ¡Pues mi señora, que en paz descanse mi esposita santa! ¡Ay, Martita, perdóname por favor, yo te ponía una plana completa en el periódico, pero estos condenados chupasangre que abusan de uno con esos precios! ¡Aaaaay, mi Martita, la quería rete harto!
– Discúlpeme señor, yo no sabía…
– No se apure, compita. Y ya mándela a imprimir, no sea que al rato suba el precio.
– Si, señor. Permítame un momento por favor.
 
El encargado entra a una oficina, mientras el norteño se queda esperando. Después de un rato sale de la oficina.
 
– Señor, buenas noticias. Acabo de hablar con el director de redacción, y dice que por tratarse de su esposa, le vamos a dar tres palabras más por el mismo precio.
– ¿Tres palabras? Oiga, pos no se vayan a quedar pobres. A ver si no truena el changarro, ¿eh? Cinco palabras por 20 pesos, ¿juega?
– Sí señor, dos palabras por 20 pesos, más tres de regalo.
– ¡Ah, muy bien, huerco, ya nos vamos entendiendo! Pos si hablando se entiende la gente, caray.
– Entonces dígame señor, ¿qué le ponemos a su esquela?
 
El norteño se queda pensando unos segundos, y luego le dice:
 
– Mire compa. En un renglón ponga "Murió Marta." ¡Y en el renglón de abajo ponga: "Vendo Caribe ’85"!

Motivación empresarial

Definitivamente que estas gentes de Recursos Humanos saben lo que hacen. Les muestro la decoración que han colocado en el baño de los hombres, para mantener a los empleados motivados y contentos.
 
Desafortunadamente, parece que la productividad ha bajado, pues todos se la pasan en el baño. Pero estoy seguro que ese pequeño detalle lo podrán resolver en RH sin problemas.
 
…(¡Gracias a mi padrino Iván por la foto!)
 
 

Uno de argentinos

¡Ok, ok, no lo vuelvo a hacer!
 
Después del lapsus brutus del chiste anterior, les mando otro de argentinos (que, según dicen, tienen un ego muy grande.)
 

 
En una sala de maternidad del Seguro Social se encuentran tres futuros padres: un argentino, un uruguayo y un negro (utilizaría el término "afroamericano", pero este sí era de África).
 
Después de un buen rato, sale una enfermera y se dirige a los tres, diciéndoles:
 
– Felicidades, señores. Cada uno de ustedes acaba de tener un hermoso y saludable varoncito. Solamente hay un problema… se nos revolvieron los niños y no sabemos cuál es de cada quien. Les propongo que hagamos una rifa y que cada quien escoja a su niño.
 
Los tres aceptan y entran a la sala de maternidad. Ahí ven a tres bebitos recién nacidos, dos de ellos blanquitos y uno de color negro chapopote oscuro.
 
Hacen la rifa con un disparejo y gana el uruguayo. Entra a la sala de maternidad y sale con un precioso bebé negrito en sus brazos.
 
Al ver esto, el africano se acerca y le dice:
 
– Oye, mi negro. ¿Por qué escogiste a ese niño, si es negro? Mira, mi esposa es negra, yo soy negro, el niño es negro… ese niño es mío evidentemente. Anda, mejor escoje a uno de los güeritos…
 
Y le contesta el uruguayo:
 
– ¿Estás loco, morenazo? ¿Y qué tal si por error escojo al argentino?…
Un chistecillo inocente, rápido, bastante malo, relacionado con futbol. Va…

Era un futbolista tan malo, pero tan malo, que cuando por fin metió un gol de penalty, lo falló en la repetición instantánea…
 
 mmm…

Chistecillo vacacional

OK, suficiente de política por ahora. Mejor, un chascarrillo.
 

Se encuentran dos amigos por la calle. Después de saludarse, uno de ellos le pregunta al otro:
 
– ¿Cómo te fue en tus vacaciones?
– Pues bien… bueno, más o menos.
– ¿Por qué, qué pasó?
– Pues… no, mejor no te digo nada; me da pena, es algo vergonzoso.
– Vamos, soy tu amigo. Platica.
– No, es que…
– Anda, si no se lo cuentas a tus amigos, ¿entonces a quién?
– Bueno – contesta el amigo, dubitativo. – Ok, te voy a contar, pero prométeme que no se lo vas a decir a nadie.
– No te preocupes, mi boca será una tumba.
– Bueno… pues resulta que estaban ofreciendo clases de paracaidísmo, y ahí voy yo hacíendome el valiente. Total, ya en el avión estaba todo listo, yo traía mi paracaídas bien colocado, varias personas brincaron antes que yo… pero cuando vi el vacío, sentí mucho miedo.
– Vamos, hombre. No debes avergonzarte por eso, a cualquiera le da miedo brincar en paracaídas, sobre todo si es la primera vez.
– ¡No! Déjame terminar. Como no me animaba, llegó el instructor y comenzó a animarme… pero yo no quería brincar, estaba aterrorizado. Después de un rato, el instructor molesto me comenzó a decir: "Se me hace que tienes miedo, mariquita. ¿Eres hombre, o eres vieja? ¡Se me hace que te gusta el arroz con popote!"
– Ah, caray, ¿de plano? ¿Así de agresivo?
– Pues sí, pero yo seguía sin querer brincar. Siguió diciéndome de cosas y luego me amenazó: "Mira, amigo, si no brincas, ¡aquí mismo te sodomizo! ¡Te va a tocar perder! ¡Vas a sentir la macana!"
– ¿¡Cómo!? ¿Amenazó con ultrajarte? ¡Qué tipo!
– Si, y además estaba peludo, grandote… ¡bien musculoso!
– Bueno, ¿y brincaste?
– Pues si, al principio… poquito.
Bueno, no he tenido tiempo de agregar chascarrillos al blog, pero para no dejarlos sin un momento de hilaridad y sana carcajada, les dejo este chistecillo, a cargo de nuestro nuevo rey del humor don Manuel López:
 
Esto sucedió en una entrevista que Adela Micha le hizo a AMLO:
 
  Adela: ¿Quién es mejor, Rafa Márquez o Cuauhtémoc Blanco?
 
  AMLO: Márquez es un gran defensa del Barcelona y Cuauhtémoc Cárdenas es un buen delantero.
 
Parece que en el PRD, de vez en cuando, se echan algunas cascaritas. ¿O cómo supo Manuel López que el Ingeniero Cárdenas, fundador de su partido, es un buen delantero?

Chascarrillo ocasional

A este paso, en lugar de "el chascarrillo de la semana" va a ser "el chascarrillo del semestre"…
 
Un chistecillo subido de color. Espero no lastimar sensibilidades.

Llegan dos muchachas al templo, muy nerviosas, a confesarse. Después de un buen rato de discutir quién se confesaría primero, una de ellas se decide y entra al confesionario. El sacerdote la recibe.
 
– Ave María Purísima, hija.
– Sin pecado concebida.
– Dime tus pecados, hija.
– Sí, Padre… este… pues soy muy chismosa.
– OK; no seas tan chismosa. Ahora déjate de jaladas y dime los pecados de a de veras.
– Ay, Padre… bueno, déjeme decirle… este…
– A ver hija. Yo te ayudo. Te acostaste con tu novio, ¿verdad?
– ¡No Padre! ¡Cómo cree! ¡Soy una muchacha decente!
– Bueno, ¿entonces qué hiciste?
– Pues mire, Padre. Resulta que íbamos una amiga y yo en el coche con nuestros novios… y nos estacionamos en un lugar oscurito…
– Ya decía yo que era algo con el novio. Sigue hija.
– Bueno, Padre. Para no hacérsela larga… pues, pues,… ¡le agarré aquellito!
– Ah, entonces sí se la hiciste larga.
– ¡Padre, no sea pelado!
– OK, ok, ¿nada más se la tocaste?
– Pues… pues sí, Padre.
– Lo que hiciste está muy mal, hija. Arrepiéntete y pídele a Dios que te oriente y te guíe. Rezas tres Padres Nuestros y te lavas las manos con agua bendita.
– Si Padre, gracias.
– Y ya no seas chismosa, ¿eh?
 
Regresa la muchacha con su amiga, que le pregunta de inmediato.
 
– ¿Qué pasó? ¿Cómo te fue? ¿Qué te dijo el Padre?
– Pues nada, solamente me dijo que me lavara las manos con agua bendita.
– ¡Ah, bueno! ¡Qué alivio! ¡Entonces a mí me basta con unas gárgaras y quedo como nueva!
 

A iniciar el año

Vaya, un mesecito complicadito… después de una carga obscena de trabajo durante enero, no pude actualizar el blog.
 
Aprovecho un pequeño tiempo para desear a todos un feliz año nuevo electoral 2006. Terminamos el año anterior con chascarrillos, y qué mejor que iniciarlo igual, en esa ocasión un chiste homófobo; pido disculpas de antemano por las (muy pocas) palabras altisonantes incluidos en el mismo, pero sin ellas el chiste dejaría de serlo, o no tendría su mismo efecto. Va.

Llega un muchacho con su madre, consternado y con nerviosismo.
-"Hola mamá… oye, tengo algo que decirte, es algo importante."
-"Si hijo, dime qué te preocupa."
-"Este… si mira, cómo te lo digo… es que es algo importante mamá, por favor apóyame en lo que te voy a decir, para que me ayudes con mi papá… este, te digo… ¿cómo te lo digo?"
-"A ver, pues, ya dímelo, soy tu madre y debes tenerme confianza."
-"Bueno, está bien… Mamá, ¡Soy gay!"
-"¿Queeeeeeé? ¿Gay? ¿Estás seguro de que eres gay?"
-"Sí, mamá. Ya me convencí, ya salí del clóset, me he dado cuenta de que debo vivir en congruencia conmigo mis…"
-"A ver, a ver, m’hijito. Calma. Dime una cosa: cuando vas a tus fiestas a jotear… ¿vas a los mejores lugares de Miami, de las Vegas, de Cancún o aunque sea de Vallarta?"
-"No mamá, no manches. Si apenas voy al bar del centro, no me alcanza para más."
-"Ok. Y dime, hijito… cuando te vas a ese bar de puñales, ¿te pones tu ropita Armani, Ermenegildo Zegna, Hermés, o ya de jodido un Hugo Boss?"
-"No te burles, mamá. Si apenas me pongo los trapitos que deja mi hermano, y los de mi hermana cuando se descuida."
-"Ah, muy bien. Y ahora dime, cuando te vas a tu antrillo, ¿Llegas en un BMW, en un Audi o en un Mercedes?"
-"¡No, mamá! Si apenas me alcanza para el camión y si me va bien, me regreso en taxi, o de aventón."
-"Muy bien, hijo. No te preocupes, tú no eres gay."
-"¿Noooo? ¿Cómo de que no?"
-"No hijo, no eres gay. ¡Tú a lo mucho eres un pinche putito!"

Chascarrillos navideños

Desisto de mi intención de publicar un chiste cada semana, por no contar con el tiempo ni con el suficiente material (¡se aceptan contribuciones!)
 
Incluyo aquí unos chistes navideños, ¡breves y muy crueles! ¡Feliz Navidad!

– Oye, papá, ¿por qué estás poniendo el arbolito de navidad en junio?
– ¿Y tú crees que con esa leucemia vas a llegar a diciembre?
 
La niña abre su regalo navideño.
– ¡Ay, no! ¡Otro vestido con faldón! ¡Ya no quiero vestidos con faldones!
– ¡Cállate niña! ¿O cómo quieres que te tapemos tu silla de ruedas?
 
En un hospital de niños parapléjicos, le preguntan a uno de los niños:
– A ver, Juanito, ¿qué vas a querer que te traiga Santa Claus?
– ¡Quiero unas toallas femeninas con alas autoadheribles!
– ¿Queeeé? ¿Y para qué quieres esas toallas?
– Es que en el comercial de la tele dice que con esas toallas puedo correr, bailar, nadar, montar a caballo…
 
Llega el presidente Fox a una comunidad indígena en Chiapas, de esas que están sumidas en la miseria. Los niños, todos flacos y desnutridos se acercan al presidente, quien les dice:
– Queridos niños y niñas, ahora sí se les apareció Chente Clós. Para que se diviertan esta navidad y ahorita que están de vacaciones, el gobierno mexicano les va a regalar unos bonitos Pleistéichons, para que jueguen con sus hermanitos y sus hermanitas.
En eso, Martita jala del brazo al presidente, y le dice en voz baja:
– ¡No manches, Chente! ¿Cómo que Playstations? ¡Si estos pobres niños ni comen!
– ¡Ah,no! ¡Si no comen bien, no hay Playstations!
 
El niño abre su regalo de navidad.
– ¿Qué es esto? ¿Una bicicleta? ¡Pero si yo quería un tren eléctrico!
– ¡Cállese, escuincle malagradecido! ¡Además de paralítico, quejumbroso!
 
El hermanito mayor está jugando con un yoyo, que fue su único regalo de navidad. El hermanito menor se acerca y se burla de él.
– ¡Mira, yo tengo un tren eléctrico y tú no-o!
Después de un rato regresa con el hermano, que sigue jugando con su yo-yo.
– ¡Mira, yo tengo una bicicleta y tú no-o!
El hermano le lanza una mirada de coraje, pero no le dice nada y sigue jugando con su yo-yo. Al rato, el hermanito regresa.
– ¡Mira, yo tengo una autopista y tú no-o!
El hermano mayor se levanta y le dice:
– ¡Mira, yo no tengo cáncer y tú sí-i!
 
Llega una niñita con su mamá:
– Mamá, ¿me das unas galletitas?
– No hija, estoy arreglando el árbol de navidad.
Pasa un rato y regresa la niña.
– Mamá, ¿ahora sí me puedes dar unas galletitas?
– Que no, niña, estoy arreglando el nacimiento.
Luego de unos minutos la niña regresa.
– ¡Ándale, mamita, dame por favor unas galletitas!
La mamá voltea enfadada:
– ¡Mira, niña! Vas a la cocina y con tus manitas colocas un banquito. Luego, te subes al banquito y con tus manitas bajas el frasco de las galletitas. ¡Y con tus manitas te comes todas las galletitas que quieras! ¿Entendiste?
La niña muy triste le contesta:
– Mamá, ¡pero si tú sabes que yo no tengo manitas!
– ¡Ah! ¿No hay manitas? ¡No hay galletitas!
 
Para terminar, uno de gallegos:
 
– A ver, Venancio, querido, sal de la casa y dime si las lucecitas de navidad funcionan.
– ¡Jolines, déjame revisar!
Venancio sale de la casa y revisa las luces
– Sí funcionan… no funcionan… sí funcionan… no funcionan… ¡Joder, que problema!

El chascarrillo de la semana

OK, la entrada anterior del blog estuvo muy tétrica. Para aligerar el ambiente, y para emparejarme con mis intenciones de publicar un chiste cada semana, aquí está el esperadísimo (¡huy, si!) chascarrillo de la semana.
 

La pareja de esposos llevaba ya 15 años de casados, y durante esos 15 años, el marido siempre había exigido llevar a cabo sus obligaciones maritales más íntimas en la total y completa oscuridad. Sin importar la situación, ni la cantidad de líbido involucrada, invariablemente el marido apagaba las luces, cerraba cortinas y cubría cualquier resquicio de luz que se pudiese colar y así violar la privacidad del precaz momento. Por supuesto, ni pensar en entregarse a tales placeres impúdicos durante el día, acto por demás rechazado por las personas decentes.
 
Claro que después de 15 años, a la esposa se le hacía cada vez más ridícula esa situación, por lo que decidió poner fin a esa extraña manía de su marido. Preparó la cama de tal forma que el cable del interruptor de la lámpara de mesa se encontraba colocado estratégicamente bajo la almohada. La mujer esperó hasta que oscureciera, luego se mostró seductora y provocativa, hasta que logró su objetivo y entraron los dos a la recámara. Mientras el marido llevaba a cabo su ritual de eliminación de luz, la señora se acomodó en la cama y puso el interruptor a su alcance.
 
Al poco rato estaban en lo que estaban, cuando en lo más intenso del intercambio carnal, la señora enciende la luz de golpe. El esposo, sorprendido y encandilado, proyecta su cuerpo hacia atrás. ¡Mayúscula sorpresa se lleva la señora cuando observa que su marido, en su mano, sostenía uno de esos artilugios que se venden en las tiendas para adultos, diseñados con el fin de brindar consuelo a las damas solitarias! Y cabe decir que el tamaño de dicho objeto era bastante generoso, hasta para los conocedores. Peor aún, en la entrepierna del cónyuge se podía apreciar un modesto (muy modesto) miembro viril, flácido como moco de guajolote.
 
La señora, furiosa, sintiéndose humillada, empieza a golpear a su marido, insultándolo. -¡Bastardo IMPOTENTE! ¿Cómo fuiste capaz de engañarme todos estos años? ¡Canalla infeliz!
 
El marido, apenado, como niño al que atrapan copiando en el examen, soportaba las agresiones y los golpes con resignación.
 
-¡Ah, pero ya me lo decía mi madre, que no me casara contigo por INÚTIL! ¡Imbécil! ¿Sabes que esto es causa de divorcio? ¡Poco hombre! ¡Pero esto me lo explicas en seguida!
 
El esposo, sin perder la calma, con voz pausada, le contesta:
 
-Muy bien, de acuerdo. Yo te explico lo del juguetito, y tú me explicas lo de los niños.

El chascarrillo de la semana

Uno breve, que me mandaron hace algún tiempo por correo:
 

La sensual esposa recibe al marido que va llegando a su casa a las tres de la mañana, diciéndole:
-Ella: Desabrocha mi blusa y déjala sobre la cama. 
-Él: Sí. 
-Ella: Ahora mi sostén y ponlo en la silla. 
-Él: Claro. 
-Ella: Deja mi falda en el ropero. 
-Él: Bueno. 
-Ella: Desabrocha mi liguero, y ponlo junto con las medias en el cajón.
-Él: Listo.
-Ella: Ahora pon mis pantys en el cesto. 
-Él: Ya está. 
-Ella: Muy bien… ¡y que sea la última vez que te pones mi ropa para salir de parranda, marica!

El chascarrillo de la semana

Otra semana pesadita la anterior… no pude agregar contenido al blog y nos quedamos sin chascarrillo de la semana. De nuevo tendré que poner dos chistes para completar la "cuota". Esta vez, incluyo un "rapidín".
 

 
– Me da su nombre por favor, señor.
– Me llamo Pepepedro Pepeperez.
– Ah, ¿es usted tartamudo?
– No, el tartamudo era mi papá. Y el del registro civil era un hijo de la fregada.
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