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Presunta censura

No he visto la película “Presunto culpable“, y no me dan ganas de verla, ni siquiera por la polémica actual. No porque la considere mala, sino porque ese tipo de películas siempre me dejan enojado y/o deprimido. Además, la película dice algo que ya sabemos: que nuestro sistema de justicia es una mierda tiene áreas de oportunidad y mejora importantes. Por otra parte, me he encontrado comentarios en blogs y foros de discusión de personas que al parecer saben de leyes, y que opinan que la película es una farsa. No lo sé.

Ahora bien, el intento de retirar la película de su proyección pública (y digo intento porque el retiro fue revocado ayer por un tribunal) me deja confundido. Por un lado, es ridículo pensar en censura después de que se permitió filmar el caso en los juzgados y luego recibir los permisos correspondientes para su proyección en las salas de cine; pero por otro lado, la velocidad con la que se tomó la decisión de retirar la película de su proyección pública hace pensar en intereses fuertes para impedir su difusión. Lo único que lograron, sin embargo, fue darle más publicidad a la película, como sucedió hace algunos años con “El crímen del padre Amaro”, la cual recibió hordas de cinéfilos en el momento en que la Iglesia dijo que verla era pecado y quienes la vieran se iban a ir “al infieeeeeernoooooooooo…”

¿Y los medios? Con el profesionalismo y la ética que los caracteriza, se le fueron a la yugular al sistema judicial mexicano, afirmando de manera contundente que se trataba de descarada censura. Pero la verdadera razón del veto está en que uno de los testigos del caso pidió el retiro de la cinta, ya que supuestamente nunca autorizó que se proyectara su imagen en la pantalla. En cierta forma, comprendo al tipo, pues la película lo pone como un vulgar mentiroso al que no le importó acusar a alguien de asesinato sin que le constara. En el surrealismo de nuestro país, un individuo de pocos escrúpulos podría hasta recibir “regalías” por las ganancias de la película.

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Marisol Escobedo

A estas alturas, seguramente usted ya sabe quién es (era) Marisol Escobedo.

Marisol Escobedo fue una valiente mujer que decidió hacer lo que las ineptas autoridades de justicia de nuestro país no pudieron: buscar al asesino de su hija Rubí Marisol (quien tenía 16 años) y entregarlo a estas mismas ineptas autoridades para que lo encarcelaran por su crimen. El asesino resultó ser un animal llamado Sergio Rafael Barraza, novio de Rubí (bueno, en los medios le llaman “pareja sentimental”).

Pero si las ineptas autoridades chihuahuenses no fueron capaces de encontrar al criminal, tampoco pudieron encerrarlo. El asesino confesó su crimen, lo describió y hasta indicó el paradero en donde escondió los restos del cuerpo de Rubí. A pesar de eso, los “jueces” (así se hacen llamar) decidieron dejar libre al asesino, por considerar que las pruebas eran insuficientes. Supongo que para estos jueces, una prueba suficiente sería que el asesino matara a su víctima frente a sus propios ojos y con muchos testigos… y quién sabe. Posteriormente, en una segunda instancia, otro juez solicitó que se aplicara sentencia inmediata al asesino. Demasiado tarde: Sergio Rafael decidió que lo mejor no era esperar sentadito en su casita a que las autoridades cambiaran de opinión, y se peló.

Al igual que Isabel Miranda de Wallace, Marisol decidió buscar por sus propios medios al asesino de su hija y entregarlo a las autoridades. A diferencia de Isabel Miranda, quien recibió un reconocimiento público hace poco de manos del Presidente Calderón, Marisol solamente recibió balas por parte de un cobarde y vulgar matón. La asesinaron frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, en donde ella se manifestaba para que se aplicara justicia.

Y como aquí en México se toman acciones hasta que hay varios muertitos, el imbécil gobernador de Chihuahua, César Duarte, ordenó suspender a los jueces que dejaron en libertad en su momento a Barraza. No tuvo los huevos para tomar acciones cuando Marisol le reclamaba justicia frente al Palacio de Gobierno y, ahora que la mataron frente a sus propias oficinas, realiza un desplante de machito ordenando la destitución de los jueces (y lo hizo no porque de pronto haya recuperado sus gónadas, sino porque no le queda de otra ante la presión de los medios y la opinión pública). Desplante que además resulta sumamente estúpido: Duarte, como cabeza del Poder Ejecutivo del Estado, no puede dar órdenes a otro poder (el Judicial) así nomás porque sí. Por otro lado, la destitución de un juez debe seguir un proceso legal y administrativo bien definido; esos jueces pueden ser tan hijos de daifa como se quiera, pero el cese de sus funciones se aplicó de forma arbitraria y violando sus derechos; los jueces podrían denunciar el hecho legalmente, cosa que seguramente harán, con la posibilidad de que no sólo se les restituya en el cargo, sino que además podrían recibir indemnización. Pero eso no importa: con su acción, el baboso del góber obtuvo el aplauso y los reflectores de los igualmente babosos ciudadanos que se dejan apantallar por estas acciones espectaculares pero ineficaces. Afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos chihuahuenses (y de otras partes) no son tan tontos y en lugar de dar aplausos muestran indignación y exigen acciones.

Para completar este circo de lo absurdo, el cártel de Sinaloa se ofrece para aplicar “justicia” y matar a los asesinos de Marisol y de Rubí (podrían ser personas distintas, por supuesto). El mundo al revés en nuestro surrealista país.

El suceso no sólo es indignante, sino que también resulta una afrenta directa y una burla hacia los ciudadanos que exigen justicia y las autoridades responsables de aplicarla. No se puede creer que alguien pueda matar a una persona frente al Palacio de Gobierno con tal facilidad, más aún cuando la víctima tiene a la atención pública puesta en ella. ¿Hasta dónde llega la impunidad en Chihuahua? No es de extrañar entonces que ese estado se encuentre completamente en manos de los hampones. Por menos que eso, en países civilizados los gobernantes renuncian a su cargo, y en países incivilizados los cuelgan de una rama y les prenden fuego. Aquí no va a pasar nada, y no dude usted que el “señor gobernador” César Duarte se proponga en un futuro como dirigente del PRI, como Senador o hasta como precandidato a la Presidencia de la República.

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